Observando la complejidad de la vida

25.3.15 en 11:06 a.m.






Carlitos (2015) documental dirigido por José Antonio Guayasamin, es una película sencilla y poderosa que logra hacer un retrato honesto de un joven con discapacidad. La historia retrata la vida de una valiente madre y su hijo que, a los 21 años a pesar de sus múltiples talentos, no puede hablar. Con un estilo observacional, el director acompañó durante tres años a los dos personajes en distintos momentos de su cotidianidad, compartiendo con ellos sus angustias, alegrías y triunfos. El resultado es un filme impactante que dignifica a sus sujetos retratados sin caer chantaje emocional o en la narrativa de denuncia. 

Lo que en primera instancia llama la atención del filme es la cercanía y la normalidad con que se retrata a Carlitos. Evitando toda mirada exotizante o paternalista, el filme se instala en la vida cotidiana de Carlitos y su familia, para realizar una crónica de los aspectos ordinarios que conforman la complejidad de la vida. Tareas rutinarias de trabajo, recreo y educación, así como los momentos de fiesta y celebración son puestas en escena sin efectos dramáticos ni sensacionalismo. El filme parece decirnos que las personas con discapacidad son tan normales como el propio espectador. De ahí que la estrategia narrativa de la película sea volver cotidiano aquello que ha sido construido como la excepción, lo extraditarlo o lo patológico. Solamente desde esta cotidianización de la mirada, quizá es posible devolver la dignidad perdida que les ha sido arrebatada a las personas con discapacidad por el prejuicio o la condescendencia. 

 Para lograr esta mirada, el documental se basa en un estilo contemplativo que alterna planos fijos con mucha cámara al hombro. Con estilo contemplativo nos referimos a un tipo de lenguaje en el cual el director interviene lo menos posible y deja que sus personajes actúen libremente sin dirigirse hacia ellos o interrogarles frente a cámara. Esta elección privilegia el valor de las acciones por sobre la voz del director o los personajes, generando un acceso a la vida cotidiana de los personajes por sobre las interpretaciones del director. Por esta razón, me siento tentado de decir que la película logra una contemplación sin juzgamiento. O mejor dicho, el juicio del director se restringe estrictamente a la puesta en escena y la estética de la película. Es este recurso el que nos permite entender la complejidad de la vida que se escribe en la imprevisibilidad de lo real. 

 Un tercer elemento que en llama la atención es la relación madre e hijo. En una audaz estrategia narrativa, la película reconstruye paralelamente a la vida de Carlitos, la lucha de su madre por criarlo y sacarlo adelante. Paulatinamente se va perfilando la figura de la madre soltera, la mujer luchadora, que a pesar de las duras condiciones económicas se ha hecho cargo de su padre y dos hijos. “Carlitos” es la forma cariñosa con que la madre se refiere al hijo. La película es el relato del coraje y el afecto con que la madre hace viable la vida de su vástago. Carlitos es un documental sencillo y honesto que nos lleva a reflexionar sobre la complejidad de la vida, la entrega, los afectos más allá de los estereotipos y las narrativas establecidas.

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