Nacionalización contenidos audiovisuales

4.8.13 en 8:11 p.m.

Una vez que la confrontación interna ha bajado y que el caso Snowden ha copado la agenda noticiosa internacional, es necesario volverá discutir las implicaciones de la Ley Orgánica de Comunicación para el cine y televisión nacional.



Dentro de la Ley se plantean algunos mecanismos de incentivo para la producción audiovisual. Se establece que los canales de televisión destinarán progresivamente  el 60% de su programación diaria a la discusión de  contenidos de producción nacional y tendrán la obligación de adquirir al menos dos largometrajes de producción nacional independiente. Estas regulaciones establecidas así como la prohibición de importación de publicidad producida fuera del país inauguran un nuevo escenario para la cultura audiovisual en el país.
El principal efecto de estas regulaciones es la nacionalización de los contenidos en la producción, distribución y consumo del audiovisual. Lo cual no es poco. Como lo han planteado muchos autores, las imágenes juegan un papel fundamental en la vida de las sociedades y naciones contemporáneas. Una sociedad que no logra construir su propio relato audiovisual está sujeta a la dependencia económica y cultural.
La nacionalización de los contenidos audiovisuales planteada en la Ley constituye un objetivo estratégico para el desarrollo de la industria cultural, el cuestionamiento del imperialismo cultural y la afirmación de procesos indentitarios. La ampliación de la demanda de contenidos nacionales generará condiciones para un saludable fortalecimiento de la cadena de valor en la industria del cine, la televisión y la publicidad. Por otro lado, planteará un equilibrio frente a la transnacionalización creciente de imaginarios y discursos distribuidos por las industrias culturales extranjeras. Finalmente, abre la posibilidad nuevos procesos de identificación que permitan la cohesión social.
Admitiendo estos efectos positivos, están aún por verse la dirección que tomará en la práctica la nacionalización de contenidos planteada por la Ley. Como es conocido, la producción discursiva nacional está siempre sujeta a disputas, controversia y conflicto. La nacionalización no garantiza automáticamente la calidad, la pluralidad, la diversidad y el espíritu crítico. Creo que es el momento de discutir el tipo de contenidos, los horarios, los públicos y la función social que van a tener los nuevos espacios creados para la producción audiovisual nacional. En la discusión y reglamentación de estos temas se juega el carácter futuro que va a tomar la televisión y el cine ecuatorianos.

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