Diario de un cura de aldea

29.4.12 en 4:19 a.m.


Hors Satan de Bruno Dumont


Jueves 12 de mayo

Querido diario:

Hoy fue mi primer reencuentro con el BAFICI. No muy bueno, por lo pronto. Encuentro a Buenos Aires hermosa y caótica, como siempre. Por casualidad me he alojado en la calle Anchorena, muy cerca de donde viví hace cuatro años. También cerca del Abasto Shopping, sede del Festival. Llegué ansioso a La Meca, ávido de películas y cerveza. Pesqué una función que incluía tres cortometrajes: Viento Sur de Paz Encina, La maleta de Raúl Ruiz y Sin título (carta para Serra) de Lisandro Alonso. El primero no se proyectó por fallas técnicas, la pobre de Paz dio una serie de explicaciones mientras el público inclemente pedía devolución de las entradas. Tranquila querida, hasta en las mejores familias pasa. El segundo era un primer cortometraje de Raúl Ruiz, que se suponía perdido. El estilo experimental y vanguardista fue demasiado para mi cuerpo que llevaba dos días sin dormir. Luego Alonso, uno de mis directores amados, que retoma la estética y el personaje de La libertad (su primer largometraje). Con un vago sinsabor decidí ir por unas cervezas. Le dije chau a El Abasto, mañana me desquito.



Viernes 13 de abril

Querido diario:

Contra toda premonición, el día de hoy me trajo dos filmes divertidos e innovadores y una gran película. Me refiero a Aquí estoy, aquí no, filme chileno de Elisa Eliash; P-047 filme tailandés de Kongdej Jaturanrasamee; y Tabú del director portugués Miguel Gomes, quien ganó en el 2009 la competencia internacional del BAFICI.

De las dos primeras, me gustó su forma desembrazada de combinar géneros para llevar al espectador desde la risa desopilante hasta las lágrimas. Aquí estoy, aquí no es una película extraña que juega a cuestionar el estatuto de la verdad y la verosimilitud del cine a partir de la historia de un periodista rechoncho y fabulador. Con mucha audacia la directora logra meter a los espectadores en los laberintos mentales de su antihéroe que confunde realidad y ficción. P-047, por su lado, cuenta la historia de dos amigos que le ponen emoción a sus vidas metiéndose a casas ajenas mientras sus dueños no están. Mensajes de chat, relatos urbanos y otras digresiones visuales hacen que la historia tome direcciones imprevistas. Finalmente Tabú, rodada en blanco y negro, es un bíptico narrativo que junta dos historias contadas de formas distintas en una sola película. La primera, cuenta la historia de una anciana y su empleada negra en clave de drama familiar. La segunda, cuenta las aventuras amorosas adolescentes de la anciana mientras vivía en África, en clave de cine silente. Realmente Gomes deslumbra con sus destrezas narrativas. Buena cosecha, por hoy.





Tabú de Miguel Gomes



Sábado 14 de abril

Querido diario:

Hoy fui con mucha expectativa a ver Los salvajes de Alejandro Fadel, una de las tres películas argentinas de la selección competitiva internacional y, dicho sea de paso, una de las más elogiadas por los programadores del BAFICI. La película cuenta la fuga de cinco jóvenes marginales de una correccional de provincia. De entrada, una fotografía deslumbrante. Conforme transcurría la película, poco a poco, aparecieron los problemas. El filme presenta a los personajes como un conjunto de traidores, asesinos y “salvajes”, sin hacer ningún esfuerzo por dotarles de motivaciones dramáticas. En su lugar construye una cuartada epifánica para solucionar la falta de personajes. Todos los males del miserabilismo son re-encauchados.

Para pasar el mal sabor de boca encontré dos filmes que me hicieron recobrar mi fe en el cine. Ambos son minuciosos estudios de la vida cotidiana, aunque sus métodos de filmación son opuestos. La primera opta por el control y el minimalismo, mientras que la segunda por la improvisación y la experimentación con distintos formatos de la imagen. Michael del australiano Markus Schleinzer relata la doble vida de un oficinista que secuestra a un menor y lo confina a vivir en el sótano de su casa. La película relata en un tono contemplativo y seco, libre de todo juicio, la descomposición moral del individuo. Por su parte en Verano, José Luis Torres Leiva plantea una compleja reconstrucción de momentos y vivencias de un conjunto de personajes que coinciden en el desaparecido balneario de Cauquenes. A través de un lenguaje que evoca las texturas de la fotografía Polaroid, del cine casero, del video familiar, el director chileno construye una loa experimental al recuerdo perdido, a la familia, al tiempo ido.



Domingo 15 de abril

Querido diario:

Hoy en la mañana me escapé del Festival. Me eché un salto al MALBA (Museo de Arte latinoamericano de Buenos Aires) para ver la exposición Bye, Bye, American Pie integrada por artistas norteamericanos de la talla de Basquiat, Goldin, Kruger, y Mc Carthy. Vi una serie de fotografías de Larry Clark tomadas entre 1963 y 1971. Bajos fondos, subcultura, yonquis… son retratados con potencia extrema. Viendo las fotografías entendí mejor una película como Kids.

Por la visita al MALBA perdí una función que arduamente había conseguido reservar ayer. Para no bajar la pasión cinéfila, decidí mandarme una de Gérard Couran, cineasta francés conocido por sus métodos de montaje serial, a quien se dedicó una retrospectiva. La elegida por el azar fue 24 passions. El filme compila registros de una procesión de Vía Crucis en un pequeño pueblo francés que el director filmó entre 1980 y 2003. El calvario de Cristo vuelve a repetirse en la pantalla generando un complejo testimonio de aquel evento que se repite año a año casi sin modificaciones.

Después del plomazo de Couran, vino una de mis películas más esperadas: Hors Satan de Bruno Dumont. Una cinta tan desconcertante como compleja. En la película, el director francés retoma su obsesión por los paisajes y los actores naturales, sin embargo introduce elementos fantásticos y sobrenaturales que habían estado ausentes en su obra anterior. La historia es la siguiente: en un pequeño pueblo, una especie de místico profano está dispuesto a castigar a cualquiera que atente contra una adolescente a la que protege. En una especie de conciliación entre Dreyer y Pasolini, Dumont elabora una poesía contemplativa que conjuga lo sublime y lo abyecto.



Lunes 16 de abril

Querido diario:

Te confieso que en este BAFICI me dediqué a ver películas de ficción, reservándome los documentales para el EDOC que se avecina. Sin embargo, el destino es sabio. En la mañana me ocupé en unos trámites y por esta razón no pude pescar mis pelis favoritas. Por la tarde, decidí tomar lo mejor que esté disponible y topé con el último film del documentalista camboyano Rithy Panh. Duch, le maître des forges de l’enfer recoge el escalofriante testimonio del director de un campo de exterminio del Khmère Rouge. Al margen de la simple condena por los más de 15 mil crímenes de tortura y asesinato que se le atribuyen a este personaje, Panh busca indagar en los valores, la ideología y la conciencia del torturador. Lo hace de una forma estremecedora.

Luego vi Un mundo secreto del director mexicano Gabriel Mariño. Una historia discreta, narrada en clave de road movie, que aborda el auto descubrimiento de una adolescente fugada de su casa. Una película simpática, sin ambiciones. Luego terminé el día con Buenas noches, España del director filipino Raya Martin. Con un lenguaje experimental que recuerda a cineastas como Man Ray, René Clair y Stan Brakhage, el enfant terrible del cine filipino realiza una serie de variaciones alrededor de una pareja que pasea por España. Con sobreimpresiones, invasiones a negativo, saturaciones cromáticas, repeticiones cíclicas de un mismo plano y unos cuantos intertítulos, Martin hace un comentario sobre los viajes, migraciones y el colonialismo. Una muestra más de que el cine puede estar en cualquier parte.


Martes 17 de abril

Querido diario:

Ya que hoy es mi último día de festival y arrastro el cansancio de la maratónica jornada porteña, decidí armar un programa ligero. Busqué películas que me mantengan despierto, porque ayer dormí solo unas pocas horas. Dejé las grandes películas contemplativas y experimentales para otro momento y fui por tres filmes que anticipan drama social, sensualidad y humor.

Por coincidencia las dos primeras son francesas, pero nada tienen que ver con el filme intelectual de autor. Tomboy, de Céline Sciamma, cuenta los dramas identitarios una chica de aspecto masculino que se hace pasar por chico en un vecindario donde acaba de instalarse. La película, de factura bastante clásica, se concentra en la construcción de personajes y el despliegue de un conflicto que desenlaza en un final esperanzador. Léa, de Bruno Rolland, cuenta la historia de una joven que vive en una pequeña ciudad francesa, con ansias de estudiar ciencias políticas. Para lograrlo tiene que trabajar como stripper. El filme vuelve sobre una larga lista de filmes europeos que retratan la marginalidad y la exclusión social sin darle ninguna vuelta de tuerca.

Finalmente, me encontré con una revelación: The Woman in the Septic Tank, del director filipino Marlon N. Rivera. La película narra, en clave de comedia, las tribulaciones de un grupo de jóvenes empeñados en realizar una película independiente para conquistar la gloria en los mejores festivales del mundo. El filme que proyectan hacer los personajes cuenta la historia de una mujer que, sumida en la pobreza, se ve obligada a vender a uno de sus hijos para mantener a los otros. La película escenifica con mucho humor las distintas posibilidades y estilos de rodaje que tiene el guión. Asi se presenta una versión contemplativa, otra musical y una tercera melodramática. Con mucha agudeza la película ironiza sobre la espectacularización de la miseria en la que operan con frecuencia los cineastas del tercer mundo. No termino de entender como este filme puede estar en la sección competitiva internacional junto a la argentina “Los salvajes”, que recoge todos los lugares comunes del miserabilismo latinoamericano. !Oh Filipinas guia nuestro camino por favor!



The Woman in the Septic Tank de Marlon N. Rivera

1 Responses to Diario de un cura de aldea

  1. hackermate Says:
    Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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