Cuando me toque a mí

31.1.12 en 2:55 a.m.





El segundo largometraje de Víctor Arregui es un filme que reflexiona sobre la muerte a través de la historia de un personaje a la derriba y con el telón de fondo de una sociedad en descomposición. Siguiendo la novela De que nada se sabe de Alfredo Noriega la película relata los últimos instantes en la vida de varios individuos que terminan por diversas razones en la morgue. Estos relatos fragmentarios y finales se van alternando con la historia de más aliento en la cual se reconstruye la crisis interior de un médico que hace las autopsias y redacta los partes legales. Con una cromática fría reconstruye ambientes opresivos en los cuales una cámara bamboleante que registra las conversaciones de los personajes.


Un ex esposo segado por los celos y la angustia, un joven homosexual extorsionado, una inocente estudiante de medicina, un migrante costeño en busca de empleo, un bibliotecario extranjero, un taxista dicharachero, todos se encuentran de manera imprevista el fin de su camino. La morgue se transforma para ellos en un lugar de confluencia donde todo se destapa y se revela en el momento justo cuando ha dejo de importar. Por un efecto de montaje, este conjunto de personajes acosados por la desgracia se transforman en cualquiera de los habitantes de la ciudad asechada por la muerte.


En la antesala al más allá, Arturo Fernández, médico forense, despide a los occisos. Este personaje al borde del abismo es un hombre amargado, frío y solitario. Heredo la profesión de su padre aun cuando nunca tuvo vocación para ella. Insensibilizado por la muerte y sin capacidad de amar vaga por los pasillos del hospital. Desposeído de una razón para vivir hecha mano del vodka y la ironía como mecanismos de defensa ante un mundo que ha perdido todo sentido. En un plano final de la película, el médico yace borracho sobre la mesa de incisiones.


Fernández se dirige a los cadáveres con el respeto y la violencia solo reservados a cuerpos palpitantes. Habla de la muerte de manera incontenida e inconexa. “Los muertos son sabios”, “Me indigna la muerte”, “No hay mejor muerte que la ocasionada por las pasiones, por los deseos” sentencia el personaje. En un plano prolijamente construido, el médico conversa con un colega, en el fondo se escucha el ruido sordo del sistema de refrigeración, unos pies inertes aparecen a un costado del cuadro. La muerte está siempre en el fondo oculta por la acción y la palabra.


En el momento de mayor intensidad de la película, la muerte asalta a la historia en forma de delirio. Fernández recibe a uno de sus pacientes. Como en casi todos los diálogos en el hospital, una cámara al hombro ligeramente errática registra la conversación. En un magistral plano de más de cuatro minutos, el atormentado galeno ―interpretado por Manuel Calisto Sánchez― pronuncia un potente monólogo sin ilación ni rumbo. El parlamento suministra importantes pistas para comprender al personaje. Pero más allá esta función, es puro torrente sonoro, ruido y furia, sutil evocación de la entropía que trae consigo la muerte.


A pesar de que en el relato acumula demasiadas microrelatos que limitan el desarrollo del personaje central, tiene un gran mérito. Es uno de los pocos filmes ecuatorianos que ha logrado crear un personaje complejo dotados de una profundidad psicológica que admite la fractura interior.


Cuando me toque a mí. Año: 2008. Guión y dirección: Víctor Arregui. Producción: Paúl Venegas e Isabella Parra. Fotografía: Daniel Andrade. Montaje: Alex Zito. Dirección de arte: Pedro Cagigal. Diseño de sonido: Juan José Luzuriaga. Música: Felipe Terán. Intérpretes: Manuel Calisto Sánchez, Ramiro Logroño, Randi Kraup, José Alvear, David Nieto, Lalo Santi, Catalina Cárdenas, Ana Miranda, Juan Martín Cueva, Lupe Machado, Erick Chiriboga, Isabella Parra. Duración: 90 min.

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