Crónicas

31.1.12 en 3:08 a.m.



El segundo largometraje de Sebastián Cordero es una ambiciosa coproducción de México y Ecuador. En clave de thriller explora la personalidad descompuesta de un asesino serial de niños y cuestiona el papel de los medios de comunicación como nuevos jueces del acontecer público. Con mucha cámara al hombro y una cromática donde predominan los colores fríos, la película construye una historia oscura de ambientes lúgubres y personajes fuertes.


Manolo Bonilla, periodista estrella del programa Una hora con la verdad es enviado al Ecuador para realizar un investigación sobre un asesino en serie conocido como “el monstruo de Babahoyo”. En su búsqueda, presencia un linchamiento colectivo. Decide ayudar a la víctima ventilando su caso en la televisión a cambio de información sobre el buscado asesino. Finalmente Bonilla descubre que el “monstruo de Babahoyo” es aquel hombre que el mismo convirtió en mártir y héroe de sus crónicas.


Crónicas es un filme que se sostiene en su guión. Cordero, fundamentalmente preocupado por el relato, empareja acciones, administra suspenso y construye la personalidad escindida de Vinicio “el monstruo de Babahoyo”. A través de la investigación de Bonilla, reconstruye los abismos subjetivos de este asesino. En uno de los momentos más inquietantes del filme, Vinicio confiesa a Bonilla lo que siente cuando estrangula a sus víctimas. Por un momento el espectador se encuentra con los conflictos interiores de un personaje indescifrable que ama y asesina niños.


Más allá de la simple reprobación, el filme plantea una serie de preguntas sobre los móviles de un hombre de personalidad psicopática, agobiado por el alcohol, dentro del cual conviven los más altos ideales religiosos con las más bajas pasiones. Frente a la estigmatización del asesino a la que recorre usualmente el cine policial, Cordero plantea una mirada menos simplificadora. En lugar de presentar al monstruo asesino como ese “otro” lejano a nosotros que encarna el mal absoluto lo pinta como el lado oculto del buen cristiano y del buen ciudadano.

Por otro lado, Cordero pone en discusión el sensacionalismo en los medios masivos de comunicación. El filme es una severa crítica al mismo tiempo que un homenaje a la crónica roja. Si por un lado propone un cuestionamiento de los inescrupulosos procedimientos que usan los medios para seducir a las audiencias. Por otro, como lo señaló una parte de la crítica, el filme cae en un lógica sensacionalista al explotar escenas de violencia exacerbada como es el caso del linchamiento inicial con que arranca el relato.

Crónicas es la película ecuatoriana que más difusión ha tenido a nivel internacional. Producida por Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro, participó en los festivales de Cannes, Venecia, San Sebastián, Sundance, Guadalajara, entre otros. Gano 12 premios internacionales y tuvo un exitoso estreno comercial en Estados Unidos. Contó con la sobresaliente actuación del mexicano Damián Alcázar, cuyo papel de Vinicio Cepeda fue galardonada con varios premios internacionales.





Crónicas. Año: 2004. Dirección: Sebastián Cordero. Intérpretes: John Leguizamo, Damián Alcázar, Leonor Watling, José María Yazpik, Henry Layana, Tamara Navas, Washington Garzón, Camilo Luzuriaga, Peki Andino, Alfred Molina. Guión: Sebastián Cordero. Producción: Jorge Vergara, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro, Bertha Navarro, Isabel Dávalos. Música: Antonio Pinto. Fotografía: Enrique Chediak. Duración: 108 min.

Cuando me toque a mí






El segundo largometraje de Víctor Arregui es un filme que reflexiona sobre la muerte a través de la historia de un personaje a la derriba y con el telón de fondo de una sociedad en descomposición. Siguiendo la novela De que nada se sabe de Alfredo Noriega la película relata los últimos instantes en la vida de varios individuos que terminan por diversas razones en la morgue. Estos relatos fragmentarios y finales se van alternando con la historia de más aliento en la cual se reconstruye la crisis interior de un médico que hace las autopsias y redacta los partes legales. Con una cromática fría reconstruye ambientes opresivos en los cuales una cámara bamboleante que registra las conversaciones de los personajes.


Un ex esposo segado por los celos y la angustia, un joven homosexual extorsionado, una inocente estudiante de medicina, un migrante costeño en busca de empleo, un bibliotecario extranjero, un taxista dicharachero, todos se encuentran de manera imprevista el fin de su camino. La morgue se transforma para ellos en un lugar de confluencia donde todo se destapa y se revela en el momento justo cuando ha dejo de importar. Por un efecto de montaje, este conjunto de personajes acosados por la desgracia se transforman en cualquiera de los habitantes de la ciudad asechada por la muerte.


En la antesala al más allá, Arturo Fernández, médico forense, despide a los occisos. Este personaje al borde del abismo es un hombre amargado, frío y solitario. Heredo la profesión de su padre aun cuando nunca tuvo vocación para ella. Insensibilizado por la muerte y sin capacidad de amar vaga por los pasillos del hospital. Desposeído de una razón para vivir hecha mano del vodka y la ironía como mecanismos de defensa ante un mundo que ha perdido todo sentido. En un plano final de la película, el médico yace borracho sobre la mesa de incisiones.


Fernández se dirige a los cadáveres con el respeto y la violencia solo reservados a cuerpos palpitantes. Habla de la muerte de manera incontenida e inconexa. “Los muertos son sabios”, “Me indigna la muerte”, “No hay mejor muerte que la ocasionada por las pasiones, por los deseos” sentencia el personaje. En un plano prolijamente construido, el médico conversa con un colega, en el fondo se escucha el ruido sordo del sistema de refrigeración, unos pies inertes aparecen a un costado del cuadro. La muerte está siempre en el fondo oculta por la acción y la palabra.


En el momento de mayor intensidad de la película, la muerte asalta a la historia en forma de delirio. Fernández recibe a uno de sus pacientes. Como en casi todos los diálogos en el hospital, una cámara al hombro ligeramente errática registra la conversación. En un magistral plano de más de cuatro minutos, el atormentado galeno ―interpretado por Manuel Calisto Sánchez― pronuncia un potente monólogo sin ilación ni rumbo. El parlamento suministra importantes pistas para comprender al personaje. Pero más allá esta función, es puro torrente sonoro, ruido y furia, sutil evocación de la entropía que trae consigo la muerte.


A pesar de que en el relato acumula demasiadas microrelatos que limitan el desarrollo del personaje central, tiene un gran mérito. Es uno de los pocos filmes ecuatorianos que ha logrado crear un personaje complejo dotados de una profundidad psicológica que admite la fractura interior.


Cuando me toque a mí. Año: 2008. Guión y dirección: Víctor Arregui. Producción: Paúl Venegas e Isabella Parra. Fotografía: Daniel Andrade. Montaje: Alex Zito. Dirección de arte: Pedro Cagigal. Diseño de sonido: Juan José Luzuriaga. Música: Felipe Terán. Intérpretes: Manuel Calisto Sánchez, Ramiro Logroño, Randi Kraup, José Alvear, David Nieto, Lalo Santi, Catalina Cárdenas, Ana Miranda, Juan Martín Cueva, Lupe Machado, Erick Chiriboga, Isabella Parra. Duración: 90 min.

Que tan lejos




La opera prima de Tania Hermida es una road movie social y melancólica. Usa la figura del viaje para recorrer la geografía y la cultura ecuatorianas. Pero, al mismo tiempo, propone una mirada distante y apesadumbrada por la realidad nacional. Los diálogos jocosos de los personajes y la música ambiental que suena en donde sucede la acción contrasta fuertemente con el mod melancólico y la música incidental que envuelven la película.

Quizá por esta razón, en el filme hay una extraña mezcla de la algarabía propia del viaje y la nostalgia del amor perdido. El mismo título alude a una expresión que averigua por la distancia que separa al viajante de su punto de llegada. Que tan lejos propone una reflexión sobre el inalcanzable objeto de deseo, sea este la persona amada o una idea de país. En la película, los personajes nunca encuentran lo que buscan, sino algo distinto e inesperado.

Como lo hiciera años antes Dos para el camino (1980) de Jaime Cuesta y Alfonso Naranjo, la película reúne dos personajes disparejos embarcados en una aventura constante por la geografía ecuatoriana. Sin embargo, Hermida trabaja con una sensibilidad femenina y crítica. Trata con ironía las tradiciones provincianas, la hipocresía, el machismo, la corrupción, los emblemas y discursos de la identidad colectiva que eran ensalzados por Jaime Cuesta.

Con el telón de fondo de los esplendidos paisajes de la sierra, la historia relata el accidentado viaje que Soledad y Esperanza emprenden desde Quito hacía Cuenca. En medio de una crisis política que terminará con la destitución del Presidente de la República, las dos recorren carreteras desoladas y pueblos vacíos, mientras conocen a una serie de personajes en el camino. Soledad es una turista española de mediana edad, desprejuiciada, racional y práctica; Esperanza una adolescente idealista, impulsiva, llena de perjuicios. La una busca divertirse y conocer el Ecuador, la otra impedir que el matrimonio de un joven de quien está enamorada. A pesar de las diferencias entre ambas surge la amistad a partir del encuentro compartido de de aquello que no fue buscado.

Durante la mayor parte de su metraje, el filme mantiene un encuadre funcional y una narración bastante clásica. Sin embargo, en determinados momentos se permite tímidos guiños modernistas. Paneos de 180 grados sobre el paisaje, movimientos lentos de zoom, cortes esporádicos sobre el mismo plano y una voz metadiegética alteran momentáneamente la transparencia del relato. Los personajes y la ciudades principales de la historia son presentados por una voz en off que suministra datos del linaje histórico y familiar como si de un expediente se tratase. A través de este recurso se plantea una comparación entre la biografía personal de las protagonistas marcada por tragedias familiares y la historia social de las ciudades, signada por la colonización y las migraciones actuales.

Que tan lejos es una película de oscilaciones y contrastes. Si por un lado, hace un relato clásico, costumbrista y cómico de los comportamientos y la idiosincrasia local en plena época de la globalización; por otro construye una mirada melancólica y autoreflexiva que no acepta la perdida de la nación igualitaria y progresista que prometió la modernidad.






Que tan lejos. Año: 2006. Dirección: Tania Hermida. Intérpretes: Cecilia Vallejo, Tania Martínez, Pancho Aguirre, Fausto Miño, Ricardo González, David Rambay, Alfredo Espinosa, José Alvear, Camila Zaldumbide, Kléber Naula, Ruth Bazante, Carla Jarrín. Guión: Tania Hermida. Producción: Mary Palacios, Gervasio Iglesias y Tania Hermida. Música: Nelson García. Fotografía: Armando Salazar. Duración: 96 min.

Ratas, ratones y rateros





La opera prima de Sebastián Cordero es un película de referencia en varios sentidos. En primer lugar, es una de las películas emblemáticas del realismo sucio latinoamericano que tuvo su auge en los años noventa con relatos de marginalidad y violencia urbana. En segundo lugar, es una película hito que marca una ruptura con el cine de los años ochenta y el surgimiento de un cine contemporáneo en Ecuador. El propuso un nuevo modelo estético y de producción que se constituyó en un paradigma para toda una generación de cineastas emergentes.


Inspirado en Los olvidados de Buñuel, Sebastián Cordero realizó un relato con una alta dosis de acción que tiene el acierto de tratar la violencia callejera sin moralismo ni moraleja redentora. El filme hace de la delincuencia el pívot para la tragedia del individuo, al mismo tiempo que propone un testimonio visual urbano alejado del costumbrismo nacionalista.


Ratas, ratones y rateros relata la vida de dos sujetos que paulatinamente extravían su proyecto de vida, se desentienden de objetivos trazados por la sociedad y terminan atrapados en una espiral de violencia que los conduce a un callejón sin salida. La historia inicia cuando Salvador se reencuentra con su primo Ángel, un exconvicto que es perseguido por matar de un hombre. Salvador se transforma en asesino para salvar a Ángel y se involucra en una aventura delictiva que finalmente lo llevará a distanciarse de su admirado primo.


Con una con una cámara frenética inspirada en el cine directo y un montaje crepitante y musical, la película juega con grandes oposiciones temáticas. Permanentemente contrapone extroversión versus introversión, la calle versus la familia.


Ángel, es un hombre acción, extrovertido y sin escrúpulos. Una permanente explosión de parlamentos, acciones y maniobras lo caracteriza. Salvador en cambio es un muchacho tímido, algo ingenuo aquejado por la epilepsia. El silencia y el recogimiento lo definen. Frente al flujo sistólico que caracteriza a Salvador, un movimiento diastólico es la respuesta de Ángel. Toda la energía que dilapida Ángel, Salvador la recoge la absorbe y sufre.


Ratas, ratones y rateros recupera la tradición del cine callejero y de pandillas. La confrontación entre el espacio de la calle y el espacio familiar viene de esta tradición. Al iniciarse en el mundo del crimen callejero, Salvador ve desaparecer a toda su familia. De manera que el filme es narrar por un lado un momento de hundimiento de esa célula base de la sociedad que es la familia y, por otro, la emergencia del espacio callejero caracterizado por el anonimato y la violencia.


Ángel, por su parte, es la imagen viva del desarraigo, es un delincuente que ha extraviado todo vínculo de pertenencia. Su terrible orfandad se resuelve en la perdida de todas las personas en las que puede confiar. Con mucha ironía usa el termino “familia” para referirse a Salvador. En el momento de mayor intensidad del filme recuerda a Salvador que los dos tienen la misma sangre. La añoranza de Ángel tiene de la familia está sintetizada en la cercanía que mantiene con su abuela.


La película participo en los festivales de Cannes, Venecia, Slamdance, La Habana, Cartagena, entre otros Destaca la interpretación del Carlos Valencia galardonada en el Festival de Huelva.




Año: 1999. Dirección: Sebastián Cordero. Intérpretes: Carlos Valencia, Marco Bustos, Cristina Dávila, Fabricio Lalama, Irina López, Simón Brauer, Lupe Machado, Liliana Ruiz, Alfredo Martínez, Fernando Rodríguez, Antonio Ordoñez, María Belén Moncayo, Diego Naranjo, José Antonio Negret, Javier Andrade, Elena Torres y Augusto Sacoto. Guión: Sebastián Cordero. Edición: Sebastián Cordero y Mateo Herrera. Producción: Lisandra Rivera. Música: Sergio Sacoto-Arias. Fotografía: Matthew Jensen. Duración: 107 min.

La Tigra







Basado en el cuento homónimo de José de la Cuadra, el filme reconstruye la historia de una mujer indómita y salvaje que gobierna a su antojo una hacienda perdida en costa ecuatoriana. La película, de sobria ambientación costumbrista, narra con un sentido trágico la desintegración del mundo primitivo mágico y mítico gobernado por los poderes sensuales y femeninos de la naturaleza.

Después de asesinar a un grupo de hombres que robaron y mataron a sus padres, Francisca Miranda toma el mando de la hacienda familiar y se convierte en “La Tigra”, la mujer más temida del sector. Todas las noches elige un hombre distinto para pasar la noche, a la mañana siguiente los expulsa con pistola en mano. En la hacienda, hombres y mujeres viven bajo la voluntad de La Tigra. Juliana y Sara, sus dos hermanas menores, le temen y obedecen con sumisión. Un día, Sarita termina enamorándose de un comerciante viajero. La Tigra la encierra a bajo llaves alarmada por los malos presagios de un santero. Finalmente el comerciante regresa con la Policía. Luego de un enfrentamiento con los uniformados, Sara es liberada mientras que Francisca es abatida a tiros.

La película apela a la estructura de la tragedia. Desde el arranque, el desarrollo de las acciones se articula a través de la vieja confrontación entre civilización y barbarie. Con la venida del progreso, la ley y la modernidad, el mundo primitivo matriarcal es derrotado inevitablemente. Se cumplen así los presagios presentes en los sueños de la protagonista y advertidos por el santero del pueblo.

Con este destino cumplido, el filme hace de Francisca una perfecta heroína trágica. El personaje, interpretado por Lissette Cabrera, es la encarnación el lado peligroso y salvaje de la naturaleza que es capaz de doblegar a todo hombre. Razón suficiente para que sea eliminado. El personaje usualmente es representado a través de planos contrapicados y composiciones sublimes como un brutal felino que ronda sobre los árboles, o como una hembra hambrienta de sexo que empuña las armas como la violencia de un guerrero. En una lograda escena, La Tigra yace con sus ropas mojadas en la copa de un árbol, un hombre la espía oculto en las aguas de un río, en cuanto ella cae en cuanta, salta como una fiera, ataca al hombre, finalmente se desnuda y se le ofrece. Francisca rechaza ser objeto pasivo del deseo de los hombres, ella decide, desea y domina.

Paralelo a la historia argumental, Luzuriaga intercala largas tomas subjetivas. Estos planos cagados de misterio y poesía recorren el monte, los paisajes, los ríos. Hechas a punta de cámara en mano, estas subjetivas en un comienzo evocan las representaciones oníricas del personaje principal. Con el transcurso del filme, se transforman en una realidad autónoma que condensan el pasado y el futuro, y presagia el desenlace final.
La película participó en los festivales de Montreal, Toronto, Londres, Røtterdam, Nantes, Huelva, La Habana, Nueva York, entre otros. Ganó el premio a Mejor Película y Mejor Ópera Prima en el Festival de Cine Iberoamericano de Cartagena, así como también los Galardones a y Mejor Música y Mejor Fotografía Festival Internacional de Bogotá.




Año: 1989. Dirección y guión: Camilo Luzuriaga. Intérpretes: Lissette Cabrera , Rossana Iturralde, Verónica García, Arístides Vargas, Virgilio Valero. Producción: Camilo Luzuriaga, Grupo Cine. Música: Sebastián Cardemil, Ataulfo Tobar, Diego y Santiago Luzuriaga. Fotografía: Rodrigo Cueva y Diego Falconí. Duración: 80 min.

Entre Marx y una mujer desnuda






Es una obra abierta de carácter autoreflexivo y poético. Adapta la novela homónima de Jorge Enrique Adoum. Siguiendo el planteamiento experimental del texto literario, el filme se propone una serie de juegos, variaciones y diseminaciones con varios personajes que no se estructuran en la lógica de narración clásica. Con una cámara que se desplaza libremente por los distintos pisos de vetustas casas coloniales, la película ambientada en la turbulenta vida política de Quito en los años setenta. Propone una reflexión sobre el desencanto político de una generación y la fugacidad de las relaciones amorosas.

Entre Marx y una mujer desnuda desarrolla paralelamente 4 planos de la realidad que se desarrollan con cierta autonomía y en momentos dados se solapan entre sí produciendo una disolución del espacio asignado en la narración a la ficción y a la realidad. Por un lado, relata la historia de un grupo de jóvenes revolucionarios, liderados por el Galo Gálvez, que se enfrentan a la dirigencia conservadora de un partido comunista. Por otro, en clave romántica y poética, escenifica la historia imaginaria del amor entre Juanmanuel, un escritor amigo de Gálvez, y la esposa de un hacendado. En tercer lugar, el filme presenta una serie de escenas en las cuales los personajes principales aparecen en edad infantil reescenificando a manera lúdica la crisis amorosa que les tortura. En cuarto lugar, se estructura un metalenguaje que encarnado en la voz over del escritor reflexiona sobre el mismo hecho de la creación literaria y cinematográfica.

Por esta razón, permanentemente se produce una disolución de la realidad ficcionalizada por el escritor y la realidad vivida en el presente por los personajes. En el desenlace del filme una conversación casual revela que la amante del escritor en realidad es su propia mujer. De esta manera se sugiere que quizá toda la historia del filme es un invento que solo existe como proyecto literario del escritor o es un relato que narra cosas que aun no han acontecido. Sin embargo, esta confirmación nos llega mientras el escritor conversa amenamente con Carlos Marx. Se disuelve nuevamente los límites entre la fabulación y la realidad dejando a los hechos en permanente estado de suspensión.

Siguiendo la tradición del cine moderno europeo, el filme escenifica las imágenes mentales y las proyecciones imaginarias de sus personajes. Lo hace de tal manera que las la representación pierde su anclaje objetivo y el relato se transforma en un autorreflexión sobre la memoria, la imaginación y el mismo hecho de narrar. Siguiendo el código cercano al realismo mágico adoptado por realizadores como Rocha, Solanas y Littín, Luzuriaga produce un relato hibrido que mezcla referentes locales con códigos y lenguajes modernos. De ahí que la película, tienda hacía una representación barroca que combina ambientes oníricos y un exotismo vernáculo a través de una retórica enfática y teatral.

La película participo en varios festivales internacionales. Entre ellos: Biarritz, Rotterdam, Nueva York, Chicago, Londres, Mar del Plata, Calcuta. Ganó el premio a la Mejor Dirección de Arte en el Festival de La Habana y Mejor Guión en el XII Festival de Trieste, Italia.




Entre Mar y una mujer desnuda. Año: 1996. Dirección: Camilo Luzuriaga. Guión: Arístides Vargas basad en la novela de Jorge Enrique Adoum. Fotografía: Olivier Auverlau. Música: Hugo Idrovo, Jaime Guevara y Ataúlfo Tobar. Intérpretes: Felipe Terán, Arístides Vargas, Lissette Cabrera. Duración: 90

Dos para el camino






La película recientemente restaurada y reeditada en DVD, es la única comedia realizada en el Ecuador durante los años del setenta y ochenta, décadas marcadas por el cine social y político. A diferencia de sus compañeros de generación, Jaime Cuesta y Alfonso Naranjo volvieron la mirada a los géneros cinematográficos de gran popularidad en la época de oro del cine latinoamericano. De ahí que el filme sea una mezcla de melodrama costumbrista, musical romántico y película de carretera.

Dos para el camino cuenta la historia de Alejandro y Gilberto, dos los buscavidas que se ganan el sustento a través del pequeños robos y múltiples estafas. Ambos se conocen por casualidad, inmediatamente deciden asociarse y viajar por distintas ciudades del país haciendo de las suyas. En el camino, Gilberto se enamora de Andrea, una joven cantante, hija de un empresario industrial.

Alejandro, interpretado el popular humorista Ernesto Albán, es un vendedor informal cuya habilidad para embaucar y convencer su principal capital de trabajo. “Vender para comer: That’s the question” es la máxima del personaje. Alejandro, encarnado César Carmigniani, es un galán romántico adicto al juego y a la aventura. El primero, viejo, dicharachero y misógino, abandonó a su familia y ahora ve en Alejandro al hijo que nunca tuvo. El segundo, dandi y enamoradizo, es un joven que se avergüenza de la vida que lleva aún cuando no está dispuesto a cambiarla.

La película recurre a construir un mundo liminal donde todo es peripecia, parodia y aventura. Con una sensibilidad näif, definida de entrada en los créditos animados, la película tiende a construir una mirada infantilizada que quita toda gravedad a los actos de sus personajes. En plena época modernización y retorno a la democracia, Dos para el camino, posiciona la imagen gozosa y carnavalesca del comerciante y el aventurero que de espaldas a la modernidad deciden encarrilar sus vidas por el camino de la aventura. No es gratuito de en varios ocasiones la racionalidad económica y científica sea duplicada, parodiada y burlada.

A través una estructura episódica resuelta por uso constante de la anécdota, el gag y la digresión, la película privilegia la fuerza de la escena por sobre el desarrollo dramático que resulta algo pobre. Los momentos más atractivos del filme desarrollan pequeños incidentes que tienen una cierta autonomía en relación a la trama. En un momento dado, Alejandro cuenta cómo abandonó a su esposa y suegra. El respectivo flash back es escenificado con la teatralidad de un cuento de brujas filmado en clave de cine silente. En otro momento, Gilberto, alucina un encuentro con su amada. Cual si fuese un clip, él y Andrea aparecen un escenario idílico, fotografiado con blur lateral, lleno de luces y reflejos.

Dos para el camino propone una reivindicación de la figura del ambulante (encarnada en las figuras del comerciante y el aventurero transhumantes) que través del uso de la astucia criolla consigue burlar a la autoridad y la ley. Las situaciones absurdas, el humor desopilante, la música incidental abiertamente kitsch y sintética, así como las canciones románticas interpretados por Annie Rossenfeld, actriz principal del reparto, confieren a la obra un encanto camp que pocas veces explorado en el cine ecuatoriano.




Dos para el camino. Año: 1981. Dirección: Jaime Cuesta y Alfonso Naranjo. Intérpretes: Annie Rossenfeld, César Carmigniani, Ernesto Albán, Alfonso Naranjo. Guión: Jaime Cuesta y Alfonso Naranjo. Producción: Cuestordóñez. Fotografía: Jaime Cuesta. Duración: 97 min.

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