¿Qué es el cine intercultural?

4.9.09 en 4:31 p.m.
Atanarjuat: The Fast Runner (2001) de Zacharias Kunuk
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Desde hace un tiempo me pregunto sobre la relación el cine y la interculturalidad. Muchos cuestionamientos vienen a mi reflexión y práctica profesional como investigador y crítico de cine. ¿Cómo se puede entender el concepto de interculturalidad en el campo del audiovisual? ¿Cuando una obra cinematográfica deviene intercultural? ¿Cómo juzgar una práctica intercultural por fuera de los esquemas mono culturales en los que se desarrolla la historia, la crítica y la teoría del cine en occidente?

Empecé a hacerme estas preguntas a partir de mi interés por analizar el cine de temática indígena realizada en Ecuador. Efectivamente el cine indigenista puso en contacto dos culturas distintas: la de los pueblos y nacionalidades indígenas, y la de los cineastas educados en la cultura occidental. Está aún por pensarse que tipo de relaciones entre ambas culturas proponen estas producciones. Mi punto de partida es que existen múltiples relaciones entre culturas distintas, la interculturalidad es una de ellas. Las tecnologías audiovisuales median estas relaciones y las orientan en una u otra dirección.

Según Adolfo Colombres, en América Latina han existido tres formas de la relación entre culturas: la colonial, la mestiza y la intercultural. En la primera existe una dominación de la cultura europea sobre las culturas subalternas (sea esta indigena o afrodesendiente), en la segundo existe una apropiación de temáticas vernaculas pero dentro de un lenguaje occidental. Finalmente, en la tercera, las dos culturas se piensan de manera “simétrica” como productoras de lenguaje y discurso. Imposición, apropiación y negociación caracterizan respectivamente a estas tres formas. Estas modalidades, que a veces conviven simultáneamente, pueden reconocerse fácilmente el en cine. Podemos ver una forma de relación colonial las representaciones que sobre pueblos no occidentales hace el cine clásico de Hollywood. Constatamos una relación de apropiación en los cines nacionales de América Latina, pero también en el cine multicultural realizado en el Primer Mundo que reconoce a las otras culturas como realidades lejanas y esenciales. Finalmente, creemos reconocer relaciones interculturales en producciones audiovisuales cuyo lenguaje está permeado por cosmovisones y estéticas distintas al cine occidental. La producción de cineastas y pueblos indígenas son un ejemplo de ello.

El cine intercultural plantea una interacción entre culturas distintas admitiendo que no existen códigos cinematográficos universales. Es un expresión hibrida por excelencia capaz de plasmar un dialogo narrativo, estético y cultural. Como lo ha planteado Laura Marks, el cine intercultural es una expresión autoconciente de si misma y de sus límites que está abierta a la contaminación del otro. Es un cine donde el “yo” puede ser “otro”. Donde los códigos establecidos y los valores universales se ponen en cuestión. Frente a este cine, los criterios profesionales con los que se juzga los que es un buen filme son insuficientes, el propio concepto de lo que llamamos “cine” necesita ser reformulado.

Por un momento pensemos desde esta perspectiva intercultural. Analicemos filmes tan diversos como El corazón del tiempo de mexicano Alberto Cortés, El regalo de la Pachamama del japonés Toshifumi Matsushita, BirdWatchers del realizador italo-argentino Marco Bechis. O incluso películas de menor presupuesto como la ecuatoriana Sara, la espantapájaros de Jorge Vivanco. Todas abordan la temática indígena desde una mirada crítica a la imposición cultural colonialista. Todas trabajan con actores naturales y con un sentido testimonial, acentuado en unos casos mitigado en otros.

En estos cuatro filmes, se representan a los pueblos indígenas como comunidades no tradicionales abiertas al cambio (El corazón del tiempo), a través de sus complejos ritos de pasaje intergeneracional (El regalo de la Pachamama), de forma irónica disfrazándose de salvajes para los turistas (BirdWatchers), o en relato fantástico que recrean la tradición oral (Sara, la espantapájaros). Sin embargo, en todos los casos, el propio lenguaje cinematográfico aparece incuestionado. Las cuatro películas trabajan con estructuras narrativas y visuales que no dan lugar para la relación intercultural. El caso más revelador es quizá el filme de Toshifumi Matsushita. Obra preciosa, por lo demás, en donde no existe un solo encuadre imperfecto. En ella se puede percibir toda una tradición del cine japonés apropiándose paisajes, personajes y sucesos sin establecer ningún diálogo con la cultura guaraní. Sin restarles ningún mérito a estos filmes, creo que en ellos la reflexión sobre un cine intercultural sigue aun pendiente.

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