Cine ecuatoriano: realidad y porvenir

16.12.08 en 12:26 p.m.
Según el Consejo Nacional de Cinematografía (CNCINE), durante el 2007 se produjeron tres largometrajes de ficción y 13 documentales en Ecuador. En el 2008 se estrenaron 2 largometrajes de ficción y es probable que la cifra de documentales alcance la decena. Para el 2009, está previsto el estreno de filmes de Fernando Mieles, Mateo Herrera, Sebastián Cordero, Miguel Alvear y Patricio Andrade, y de Wilson y Sandino Burbano.

En este panorama en emergencia, parecerían haber dos fuerzas en juego. Una innovadora que plantea un cambio de estéticas y conceptos respecto al escaso y viejo cine de los años ochenta. Otra conservadora que intentan revivir un realismo prefabricado de ribetes sociales y filiación nacionalista. Del un lado, el cine parece estar atrapado en una permanente vuelta a las estéticas del pasado que frecuentan el costumbrismo y la anécdota. Filmes como Sueños en la mitad del mundo (1999), Un titán en el ring (2002) y 1809-1810. Mientras llega el día (2005), Que tan lejos (2006), Taromenani (2007), Este maldito país (2008), Retazos de vida (2008) perfilan esta tendencia. En estas películas se reafirma la mirada edulcorada, exotizante y provinciana. Preocupantemente, ratifican una mentalidad aún colonizada.
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Del otro lado, a partir de Ratas, ratones y rateros (1999) se abre una brecha generacional, temática y estética en el cine ecuatoriano. Con un realismo adrenalínico, esta película cuestiona las convenciones del cine social dominante y genera un deslizamiento de las temáticas y enfoques. Con este precedente, surge una nueva generación de cineastas y un conjunto de filmes que rivalizan con la tradición cinematográfica nacional. Estas películas plantean una diversificación temática en el cine ecuatoriano y tienen como derrotero común el tratamiento de la crisis de la identidad individual y colectiva. Pueden mencionarse en esta línea: Tu sangre (2005), Crónicas (2005), El comité (2006), Esas no son penas (2007), Cuando me toque a mi (2007) y Blak Mama (2008). Veo en estos filmes un intento incompleto de desexotización y crítica de la tradición.
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Si bien el cine ecuatoriano sigue debatiendo con su realidad –nacional, fáctica y limitada-, existe mucha inquietud en el medio, lo cual nos permite imaginar un cine por-venir, aún inexistente. Una novísima generación de cineastas permite reconocer las limitaciones del giro que hasta el momento ha dado el cine ecuatoriano. Para estos jóvenes, el cine ha dejado de ser el testimonio imposible de una identidad nacional, para transformarse en un proyecto distinto. La realidad socialmente condicionada y el realismo cinematográfico se agrietan y dejan ver un cine ecuatoriano otro. L'objetiv (2002) de Pancho Viñachi, Silencio nuclear (2002) de Iván Mora, El correo de las horas (2003) de Sandino Burbano, Bifurcando la mirada (2006) de Federico Koeller, A la caza del rey (2007) de Patricio Burbano, Invitación a Sepelio (2007) de Marco Rodríguez, Emilia (2007) de Carla Valencia, Despierta (2008) de Ana Cristina Barragán anuncian un cine ecuatoriano por venir.

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