Sin música de fondo

24.9.08 en 5:53 p.m.
4 meses, 3 semanas, 2 días (2007) de Cristian Mungiu

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Lunes a la noche, un bar en Las Peñas. Llegamos juntos varios de los asistentes a la conferencia de Jean-Philippe Tessé, redactor de la revista francesa Cahiers du cinéma. Las canciones del local se mezclan con ruidos sordos, murmullos destellantes, juegos de voces, amalgamas de sonido de intensidades diversas. En la mesa, Jean-Philippe conversa con Michael Endara, Luis Pietragalla, Federico Koelle y Juan José Luzuriaga, quien cuenta sobre su experiencia como sonidista en la última película de Fernando Mieles.
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En honor a tener un ingeniero de sonido entre nosotros, discutimos sobre nuestros soundtracks preferidos. Pasamos revista al diseño sonoro de los filmes de Stanley Kubrick y Martin Scorsese. Si mi memoria no me falla, Jean-Philippe Tessé elogia las bandas de Kiyoshi Kurosawa, uno de sus directores favoritos. Yo apuesto por el sonido áspero y minimalista de Pierre y Luc Dardenne que prescinden de toda música incidental. Pienso que este sería un buen tema para un artículo.

Hay una tradición contemporánea que agrupa a Lars von Trier, los Dardenne, Bruno Dumont, Lisandro Alonso, Tsai Ming-Liang, Apichatpong Weerasethakul, entre muchos otros. Es la tradición del sonido concreto, que prescinde de la música y reduce los diálogos al mínimo. Tal y como lo habrían hecho los dadaístas en sus “collages acústicos” o lo que Pierre Schaeffer y John Cage con su grabaciones y performaces, el cine descubre el ruido en tanto música del mundo. Frente a las convenciones y estandarizaciones de la sensibilidad auditiva generada por la gran industria del cine, una serie de sonidistas comprometidos con una estética testimonial y urgente, plantean una recuperación del sonido como presencia el exterior que posee su propia realidad espacio-temporal. Alejado del carácter épico y lírico que tuvo la banda orquestal del cine clásico y del la identificación fácil que propuso la música pop, el sonido concreto abrió el camino a un mundo de sonoridades extrañas e imprevistas.
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Cineastas como Jean-Luc Godard y los grandes maestros del Cine Directo quizá fueron los primeros en darle preponderancia y estética a la grabación del sonido en vivo. Sin embargo, el cine moderno (heredero de las tradiciones escénicas y musicales del romanticismo) uso de forma profusa la música extradiegética. Recuerdo que Javier Porta Fouz establece una diferencia entre el cine moderno (producido en los 50 y 60) y el cine contemporáneo (vigente desde los 90 hasta la actualidad) justamente a partir de la música incidental o extradiegética. En ¿Qué hora es allá? (2001), Tsai Ming-Liang, defensor abierto del cine sin música, cita textualmente un escena de Los 400 golpes de Truffaut en la cual ha retirado la clásica melodía de Constantin. Para el crítico argentino, este gesto vuelve contemporáneo el viejo cine de la Nueva Ola francesa.

La música incidental generalmente es un correlato que exalta sentimientos y estados de ánimo de los personajes. Es una manera de colorear la acción. Al prescindir de este recurso, personajes y acciones están expuestos a su pura contingencia; el espectador queda liberado para experimentar sus propias sensaciones. Filmes como Los Idiotas (1998), Rosetta (1999), Elephant (2003), La noche del señor Lazarescu (2005) o nos permiten escuchar lo inaudito, sentir aquella instancia de la realidad desnuda que no puede ser imaginada por ningún compositor.

El sonido concreto, al igual que la toma directa, registran una poderosa impresión de lo real. Las películas que graban o generan sonidos que subvierten los esquemas de percepción adquieren una potencia inusitada. La humanidad (1999), Distance (2001), Tropical Malady (2004), Last Days (2005) o 4 meses, 3 semanas y 2 días (2007), descubren la inquietante interpelación del ruido y el silencio inarticulados. Nos llevan a escuchar el lado desconcertante de la realidad. La grabación o generación de pistas sonoras que no pueden ser dominadas por la música o la palabra, permite la escucha del instante, la percepción del tiempo presente. Filmes contemplativos como Blissfully Yours (2002), Los muertos (2004), Old Joy (2006), La hamaca paraguaya (2006) nos envuelven con el canto de los pájaros, el sonido del viento, el murmullo del agua. El mundo caótico e inorgánico del sonido es el tiempo que circula como el caudal de un río.

Abandonamos el ambiente vociferante del bar, salimos a la calle y caminamos por un Guayaquil abandonado. Escucho el ruido sordo de la calle desierta, como en una película de Tsai Ming-Liang. Un auto suena a lo lejos, nuestras figuras se van perdiendo en la profundidad de la noche, no hay música de fondo, tampoco créditos.

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