Kafka / Welles

23.3.08 en 1:19 a.m.
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El proceso (1962) de Orson Welles.


La idea me ronda hace algunos años. Todo comenzó cuando la Universidad Andina Simón Bolívar me invitó a dictar una serie de conferencias sobre cine y literatura. La propuesta fue escoger varias películas basadas en obras literarias para analizar detalladamente el proceso de adaptación. Elegí dos: TV Dante (1989) de Peter Greenaway y El proceso (1962) de Orson Welles.

Seleccioné la primera por su genial transposición visual de los ocho primeros cantos de La Divina Comedia. Un verdadero desafío saldado con creces. La segunda era mi último descubrimiento de la filmografía de Orson Welles. Filmografía que para aquel entonces ya consideraba bastante sobrevalorada. Desde la adolescencia había leído El proceso varias veces, siempre me causaba la misma incertidumbre y fascinación. De entre las novelas de Franz Kafka seguramente es la obra que más me atrae. Se me ocurría que al analizar la interpretación wellesiana de Kafka mataba dos pájaros de un tiro. Volvía sobre la película que más me interesaba del director norteamericano y releía mi libro favorito del escritor checo.

Devore nuevamente película y libro. Como me había parecido desde un inicio, ambas obras delataban genios obsesivos que habían sido capaces de explorar territorios extremos del arte de narrar. Welles con sus planos saturados en profundidad y superficie, y sus imposibles travellings; Kafka con sus meticulosas descripciones de situaciones absurdas y el cruzamiento alucinado de conjuntos inconexos. En ambos casos un goce desbordado afecta al relato. Me parecía que película y libro liberaban una escritura neurotizada, fascinante por su desmesura.

Y a pesar de la similitud, la diferencia se imponía. Las distancias entre el cineasta y el escritor eran evidentes pero difíciles de verbalizar. No bastaba con decir que Kafka era un vegetariano, delgado, de aspecto infantil, torturado por su imagen y sus ideas, que murió atacado por la tuberculosis a los 41 años. Mientras Welles fue un recio devorador carnívoro de tendencias megalómanas que murió obeso y de un paro cardiaco a los 70. La vida y la obra de uno y otro parecen estar afectadas por una constante pregunta sobre sí mismos. Sin embargo cada uno había encontrado una manera distinta de lidiar con sus preocupaciones a través de la creación. El desamparo y la impotencia quedan del lado de Kafka, la sobreafirmación y prepotencia del lado de Welles. El anonimato con el primero, la fama con el segundo. ¿Cuál era entonces la barra que separaba el nombre de Kafka y el de Welles?

Como siempre las respuestas llegan de la nada y en el momento justo. Mientras seguía dando la vuelta a estas inquietudes en miras a mi conferencia, cayó en mis manos el maravilloso libro de Deleuze y Guattari sobre Kafka. La tapa traía una ilustración poco sugerente en la que el escritor checo parecía un seminarista marciano, “Kafka. Por una literatura menor” decía el título en una tipografía redonda y amable. El libro, ya un clásico en los estudios culturales de la literatura, hacen una innovadora lectura de la obra de Kafka, alejada de los conceptos de autor individual y de la obra trascendente.

Para Deleuze y Guattari, la potencia de los textos del escritor checo no radica en la expresión de un genio individual atormentado peor aún en los valores universales de la gran literatura. Para los autores franceses, Kafka escribe lo que escribe por ser judío y haber estado en una posición marginal respecto de la lengua alemana con la cual hizo sus libros. Por ello es uno de lo grandes representantes de lo que ellos denominan como una “literatura menor”. Con este concepto aluden a un uso perverso que realiza una minoría dentro de una lengua nacional. En las literaturas menores cualquier rasgo de escritura se vuelve político y toda expresión individual se vuelve colectiva.

La barra de separación entre Kafka y Welles era la política. Mientras el realizador norteamericano trabajo toda su vida para hacerse un nombre y ser reconocido como un representante prestigioso del gran arte, Kafka siempre entabló una lucha silenciosa contra la lengua y la gran literatura. Si tras la megalómana obra de Welles hay un ego gigantesco ansioso de poder y consagración, tras la escritura obsesiva de Kafka hay un gesto irreverente que cuestiona todo aquello que ha sido reconocido como grande, mayor o nacional. Si algo nos enseñó Kafka es que para los oprimidos la potencia de la escritura surge de la obstinada necesidad de escribir en una lengua que no es propia. Quizá por esto, Deleuze dijo que el arte está escrito en una lengua extranjera.

Welles siempre quiso estar del otro lado, del lado de la autoridad y de los grandes. Su genio es ansiedad de reconocimiento y afirmación. Yo que no creo en la grandeza, sigo prefiriendo a Kafka y su llamado insurgente escrito en colectivo.

1 Responses to Kafka / Welles

  1. David C. Says:

    La película que nos plantea Welles es complicada, como para entenderla viendola un par de veces. No he leído el libro de Kafka, sería bueno que lo hiciera. Saludos.

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