Tres documentales

2.8.07 en 12:45 p.m.

En diciembre del 2005 fui invitado a integrar el Jurado de Documentales, Animaciones y Carteles en el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. Después de una fuerte pugna, los jurados otorgamos el Premio Coral al mejor documental a Toro negro de los mejicanos Carlos Armella y Pedro González-Rubio y el segundo y tercer Coral a los filmes brasileños Entreactos de João Moreira Salles y Estamira de Marcos Prado. Después de esta experiencia una serie de ideas me quedaron rondando en la cabeza. Para sacármelas escribí un artículo sobre los documentales premiados. Reedito aquel texto para ponerlo en diálogo con En campaña electoral que escribí a propósito del el estreno de Cocalero, filme reciente de Alejandro Landes.

Como se ha dicho muchas ocasiones, existe un consenso sobre el auge del documental en la actualidad. El retorno del cine directo, el cinema vérité y la marca de autor abrieron posibilidades experimentales y concedieron un prestigio intelectual al género. La incorporación de la dramaturgia clásica y de la estética posmoderna le otorgaron una dosis de seducción antes reservada al cine de ficción. En América Latina, como en el resto del mundo, el documental no es más el patito feo esquivado por la crítica y el público. Los documentales premiados en La Habana son un ejemplo claro. Por distintas vías, los tres exploran el lenguaje fílmico para liberar la potencia de los acontecimientos y revelar el lado inédito de personajes tan singulares como cotidianos. Analicémoslos detenidamente.

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