Bafici, más radical que nunca

3.7.07 en 6:41 p.m.
.
I Don't Want to Sleep Alone de Tsai Ming-Liang


Un joven dice a otros que tiene en sus manos al cuadro más triste del mundo. Todos le piden que lo enseñe. El primero muestra un pintoresco retrato de un gato con una pipa. Llantos y alaridos se desatan ante la mirada desconcertada de uno de los presentes que no entiende la conmoción causada por el inocuo felino. Aparece el slogan “Buenos Aires 9° Festival Internacional de Cine Independiente. Si no es para vos, no es para vos”. Este spot publicitario define bien a uno de los eventos cinematográficos más importantes del mundo hispanohablante. A pesar de su corta trayectoria, el Festival ─mejor conocido como Bafici─ a logrado consolidar una identidad claramente definida por la novedad, el riesgo y la innovación.

En su novena edición, realizada entre el 3 y el 15 de abril del 2007, la convocatoria fue más radical y exitosa que nunca. En los filmes de la competencia oficial primó un espíritu joven que pone en duda las fórmulas y formatos establecidos. La sección “Cine del Futuro”, que hasta el año pasado fue de exhibición, se convirtió en la tercera sección competitiva del Festival y estuvo evaluada por un jurado de críticos menores de treinta años. En general las muestras paralelas y retrospectivas tuvieron como protagonistas a cineastas mal conocidos o abiertamente desconocidos. Hubieron solamente dos excepciones: Jacques Tati y Joaquin Pedro de Andrade. Parte de la programación se baso en soportes no convencionales, en algunos casos exhibidos en proyección digital de alta definición ─la exclusividad de la película fílmica va quedando atrás. A pesar de ello, o tal vez por ello, hubieron 468 películas exhibidas y 230 mil espectadores.
.

Syndromes and a Century de Apichatpong Weerasethakul


Para mi gusto, los tres grandes filmes del Festival fueron Syndromes and a Century (Tailandia) de Apichatpong Weerasethakul, I Don't Want to Sleep Alone (Taiwán) de Tsai Ming-Liang y Still Life (China) de Jia Zhang-ke. Lo cual confirma que Asia sigue adelante. Syndromes and a Century es una deliciosa historia de humor dadá que reúne fragmentos de la vida amorosa de múltiples personajes alrededor de un hospital. Es también la ratificación de que Weerasethakul es uno de los directores más creativos e irreverentes del planeta. I Don't Want to Sleep Alone es la película menos truculenta y más melancólica del sobrevalorado director taiwanés Tsai Ming-Liang. Rodada en Kuala Lumpur, narra un triángulo amoroso surgido de la vulnerabilidad y el deseo no correspondido. Hace del desencuentro de orientaciones sexuales y culturas un potente disparador para la contemplación poética. Still Life retoma la mirada crítica sobre la realidad social de China que Jia Zhang-ke había expuesto con maestría en sus filmes anteriores. Esta vez, la plasma en las historias paralelas de un minero y una enfermera que han perdido a su familia. Los dos coinciden a orillas del río Yangtzé donde se construye Las Tres Gargantas, la represa más grandes del mundo. El registro documental, la imaginería fantástica, el instante epifánico pierden sus límites para dar lugar a la realidad de las familias desplazadas y a sus afectos, cifrados en los pequeños placeres la vida (cigarrillos, caramelos, licor, té).

Especial atención merece un conjunto de filmes que plantean una deconstrucción y un homenaje a las narrativas del pasado. El retorno al cine silente practicado por el canadiense Guy Maddin (Brand Upon the Brain!) y el filipino Raya Martin (A Short Film About The Indio National) así lo demuestran. Dicho sea de paso, Martín fue la revelación del Festival. Con 23 años ha realizado tres largometrajes dejaron con la boca abierta a los críticos más exigentes. Por su lado, El desierto negro del argentino Gaspar Scheuer y Honor de caballería del catalán Albert Serra retoman el género gauchesco y la novela cervantina respectivamente. El primero nos ofrece bellísimo western conceptual rodado en blanco y negro que busca la poesía y el mito. El segundo toma al Quijote, con Sancho a un costado, y documenta sus andanzas a punta de planos contemplativos y tiempos muertos. Nada parece estar a salvo del cine contemporáneo.

Con 4 películas en la competencia internacional y casi cien títulos exhibidos, el cine argentino ratifica que está en su mejor y más plural momento. El asaltante, a través de una cámara adrenalínica similar a la de los Dardenne, logra plasmar la sensación corporal de angustia de un hombre mayor dedicado a robar establecimientos educativos. La León muestra que el cine de “qualité” es posible en la periferia y en High Definition (HD). Narra de forma convencional una historia homoerótica ambientada en la selva. Estrellas es un documental modesto que no obstante plantea el complejo problema de la representación de la marginalidad. Lo hace a través de la brillante figura de Julio Arrieta, un actor villero que se toma el cielo por asalto. Recibieron también muy buenos comentarios El otro de Ariel Rotter y La antena de Esteban Sapir, filmes que lamentablemente no llegué a ver.


Las premiadas

Las grandes triunfadoras fueron In Between Days y Upa! Una película argentina. Dentro de la Selección Oficial Internacional, la primera ganó los premios a mejor película y mejor actriz. Dentro de la Selección Oficial Argentina, Upa! ganó como mejor película y se llevó el premio de la Asociación de Cronistas Cinematográficos Argentinos (ACCA). In Between Days de So Yong Kim fue concebida para filmarse y exhibirse en HD. Recrea el ambiente invernal de las calles de Toronto, en medio del cual dos adolescentes coreanos se atraen pero no saben como acercarse el uno al otro. El filme trabaja a partir de un elaborado contraste de temperaturas luminosas. La nieve, el ocaso, la luz naranja bajo un puente gris. Upa! de Santiago Giralt, Camila Toker y Tamae Garateguy es una comedia de teléfonos blancos filmada con cámara al hombro. Relata las peripecias de un grupo de amigos que quieren hacer una película independiente. Realizada a punta de improvisaciones y con un equipo humano con funciones rotativas, maneja un humor localista y encara el tema de la producción cinematográfica con los códigos del melodrama fácil y ligero. Resulta comprensible que en un medio tan profesionalizado como el argentino, todo gesto de anarquía sea valorado. Sin embargo, UPA! fue la peor película que vi en este Bafici.


Cine político en discusión

Actualmente, Abderrahmane Sissako es uno de los cineastas africanos más prestigiosos. En Bamako, su última película, dramatiza un juicio comunitario a los organismos financieros internacionales, acusados de empobrecer al Tercer Mundo. Reinventa así el cine político en el escenario poscolonial de la lucha de las culturas contra el capital.

De paso en Buenos Aires, Sissako participó en un diálogo con Pino Solanas. El tema fue el cine como arma de la política. El cineasta africano, juvenil y elegante, se mostró risueño, humilde, algo introvertido. Dijo que su búsqueda es hacer un cine abiertamente político que haga frente a la injusticia. Planteó la necesidad de combatir los estereotipos que asocian al África como la violencia y la pobreza. Sostuvo, además, que es indispensable un diálogo entre sur y sur que permita conocerse a los pueblos del Tercer Mundo separados por el colonialismo. Un Solanas, desalineado y envejecido, desplegó como siempre sus dotes de orador. Sostuvo que en la actualidad el cine ha retrocedido. Dijo que cineastas, críticos y espectadores habitan hoy en un universo descontextualizado caracterizado por la censura. Atribuyó gran parte de la responsabilidad a la televisión. Finalmente abogó a favor de la política de derechos humanos y alianzas continentales del gobierno de Kirchner
.
.
Abderrahmane Sissako, Pino Solanas y Fernando Martín Peña.


.

0 comentarios

Publicar un comentario

Comenta este artícculo

Vïa Visual | Powered by Blogger | Entries (RSS) | Comments (RSS) | Designed by MB Web Design | XML Coded By Cahayabiru.com