
Crónicas

|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
Cuando me toque a mí
|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
Que tan lejos

Quizá por esta razón, en el filme hay una extraña mezcla de la algarabía propia del viaje y la nostalgia del amor perdido. El mismo título alude a una expresión que averigua por la distancia que separa al viajante de su punto de llegada. Que tan lejos propone una reflexión sobre el inalcanzable objeto de deseo, sea este la persona amada o una idea de país. En la película, los personajes nunca encuentran lo que buscan, sino algo distinto e inesperado.
Como lo hiciera años antes Dos para el camino (1980) de Jaime Cuesta y Alfonso Naranjo, la película reúne dos personajes disparejos embarcados en una aventura constante por la geografía ecuatoriana. Sin embargo, Hermida trabaja con una sensibilidad femenina y crítica. Trata con ironía las tradiciones provincianas, la hipocresía, el machismo, la corrupción, los emblemas y discursos de la identidad colectiva que eran ensalzados por Jaime Cuesta.
Con el telón de fondo de los esplendidos paisajes de la sierra, la historia relata el accidentado viaje que Soledad y Esperanza emprenden desde Quito hacía Cuenca. En medio de una crisis política que terminará con la destitución del Presidente de la República, las dos recorren carreteras desoladas y pueblos vacíos, mientras conocen a una serie de personajes en el camino. Soledad es una turista española de mediana edad, desprejuiciada, racional y práctica; Esperanza una adolescente idealista, impulsiva, llena de perjuicios. La una busca divertirse y conocer el Ecuador, la otra impedir que el matrimonio de un joven de quien está enamorada. A pesar de las diferencias entre ambas surge la amistad a partir del encuentro compartido de de aquello que no fue buscado.
Durante la mayor parte de su metraje, el filme mantiene un encuadre funcional y una narración bastante clásica. Sin embargo, en determinados momentos se permite tímidos guiños modernistas. Paneos de 180 grados sobre el paisaje, movimientos lentos de zoom, cortes esporádicos sobre el mismo plano y una voz metadiegética alteran momentáneamente la transparencia del relato. Los personajes y la ciudades principales de la historia son presentados por una voz en off que suministra datos del linaje histórico y familiar como si de un expediente se tratase. A través de este recurso se plantea una comparación entre la biografía personal de las protagonistas marcada por tragedias familiares y la historia social de las ciudades, signada por la colonización y las migraciones actuales.
Que tan lejos es una película de oscilaciones y contrastes. Si por un lado, hace un relato clásico, costumbrista y cómico de los comportamientos y la idiosincrasia local en plena época de la globalización; por otro construye una mirada melancólica y autoreflexiva que no acepta la perdida de la nación igualitaria y progresista que prometió la modernidad.
Que tan lejos. Año: 2006. Dirección: Tania Hermida. Intérpretes: Cecilia Vallejo, Tania Martínez, Pancho Aguirre, Fausto Miño, Ricardo González, David Rambay, Alfredo Espinosa, José Alvear, Camila Zaldumbide, Kléber Naula, Ruth Bazante, Carla Jarrín. Guión: Tania Hermida. Producción: Mary Palacios, Gervasio Iglesias y Tania Hermida. Música: Nelson García. Fotografía: Armando Salazar. Duración: 96 min.
|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
Ratas, ratones y rateros

Inspirado en Los olvidados de Buñuel, Sebastián Cordero realizó un relato con una alta dosis de acción que tiene el acierto de tratar la violencia callejera sin moralismo ni moraleja redentora. El filme hace de la delincuencia el pívot para la tragedia del individuo, al mismo tiempo que propone un testimonio visual urbano alejado del costumbrismo nacionalista.
Ratas, ratones y rateros relata la vida de dos sujetos que paulatinamente extravían su proyecto de vida, se desentienden de objetivos trazados por la sociedad y terminan atrapados en una espiral de violencia que los conduce a un callejón sin salida. La historia inicia cuando Salvador se reencuentra con su primo Ángel, un exconvicto que es perseguido por matar de un hombre. Salvador se transforma en asesino para salvar a Ángel y se involucra en una aventura delictiva que finalmente lo llevará a distanciarse de su admirado primo.
Con una con una cámara frenética inspirada en el cine directo y un montaje crepitante y musical, la película juega con grandes oposiciones temáticas. Permanentemente contrapone extroversión versus introversión, la calle versus la familia.
Ángel, es un hombre acción, extrovertido y sin escrúpulos. Una permanente explosión de parlamentos, acciones y maniobras lo caracteriza. Salvador en cambio es un muchacho tímido, algo ingenuo aquejado por la epilepsia. El silencia y el recogimiento lo definen. Frente al flujo sistólico que caracteriza a Salvador, un movimiento diastólico es la respuesta de Ángel. Toda la energía que dilapida Ángel, Salvador la recoge la absorbe y sufre.
Ratas, ratones y rateros recupera la tradición del cine callejero y de pandillas. La confrontación entre el espacio de la calle y el espacio familiar viene de esta tradición. Al iniciarse en el mundo del crimen callejero, Salvador ve desaparecer a toda su familia. De manera que el filme es narrar por un lado un momento de hundimiento de esa célula base de la sociedad que es la familia y, por otro, la emergencia del espacio callejero caracterizado por el anonimato y la violencia.
Ángel, por su parte, es la imagen viva del desarraigo, es un delincuente que ha extraviado todo vínculo de pertenencia. Su terrible orfandad se resuelve en la perdida de todas las personas en las que puede confiar. Con mucha ironía usa el termino “familia” para referirse a Salvador. En el momento de mayor intensidad del filme recuerda a Salvador que los dos tienen la misma sangre. La añoranza de Ángel tiene de la familia está sintetizada en la cercanía que mantiene con su abuela.
La película participo en los festivales de Cannes, Venecia, Slamdance, La Habana, Cartagena, entre otros Destaca la interpretación del Carlos Valencia galardonada en el Festival de Huelva.
|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
La Tigra

La película participó en los festivales de Montreal, Toronto, Londres, Røtterdam, Nantes, Huelva, La Habana, Nueva York, entre otros. Ganó el premio a Mejor Película y Mejor Ópera Prima en el Festival de Cine Iberoamericano de Cartagena, así como también los Galardones a y Mejor Música y Mejor Fotografía Festival Internacional de Bogotá.
|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
Entre Marx y una mujer desnuda

Entre Marx y una mujer desnuda desarrolla paralelamente 4 planos de la realidad que se desarrollan con cierta autonomía y en momentos dados se solapan entre sí produciendo una disolución del espacio asignado en la narración a la ficción y a la realidad. Por un lado, relata la historia de un grupo de jóvenes revolucionarios, liderados por el Galo Gálvez, que se enfrentan a la dirigencia conservadora de un partido comunista. Por otro, en clave romántica y poética, escenifica la historia imaginaria del amor entre Juanmanuel, un escritor amigo de Gálvez, y la esposa de un hacendado. En tercer lugar, el filme presenta una serie de escenas en las cuales los personajes principales aparecen en edad infantil reescenificando a manera lúdica la crisis amorosa que les tortura. En cuarto lugar, se estructura un metalenguaje que encarnado en la voz over del escritor reflexiona sobre el mismo hecho de la creación literaria y cinematográfica.
Por esta razón, permanentemente se produce una disolución de la realidad ficcionalizada por el escritor y la realidad vivida en el presente por los personajes. En el desenlace del filme una conversación casual revela que la amante del escritor en realidad es su propia mujer. De esta manera se sugiere que quizá toda la historia del filme es un invento que solo existe como proyecto literario del escritor o es un relato que narra cosas que aun no han acontecido. Sin embargo, esta confirmación nos llega mientras el escritor conversa amenamente con Carlos Marx. Se disuelve nuevamente los límites entre la fabulación y la realidad dejando a los hechos en permanente estado de suspensión.
Siguiendo la tradición del cine moderno europeo, el filme escenifica las imágenes mentales y las proyecciones imaginarias de sus personajes. Lo hace de tal manera que las la representación pierde su anclaje objetivo y el relato se transforma en un autorreflexión sobre la memoria, la imaginación y el mismo hecho de narrar. Siguiendo el código cercano al realismo mágico adoptado por realizadores como Rocha, Solanas y Littín, Luzuriaga produce un relato hibrido que mezcla referentes locales con códigos y lenguajes modernos. De ahí que la película, tienda hacía una representación barroca que combina ambientes oníricos y un exotismo vernáculo a través de una retórica enfática y teatral.
La película participo en varios festivales internacionales. Entre ellos: Biarritz, Rotterdam, Nueva York, Chicago, Londres, Mar del Plata, Calcuta. Ganó el premio a la Mejor Dirección de Arte en el Festival de La Habana y Mejor Guión en el XII Festival de Trieste, Italia.
|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
Dos para el camino

La película recientemente restaurada y reeditada en DVD, es la única comedia realizada en el Ecuador durante los años del setenta y ochenta, décadas marcadas por el cine social y político. A diferencia de sus compañeros de generación, Jaime Cuesta y Alfonso Naranjo volvieron la mirada a los géneros cinematográficos de gran popularidad en la época de oro del cine latinoamericano. De ahí que el filme sea una mezcla de melodrama costumbrista, musical romántico y película de carretera.
Dos para el camino cuenta la historia de Alejandro y Gilberto, dos los buscavidas que se ganan el sustento a través del pequeños robos y múltiples estafas. Ambos se conocen por casualidad, inmediatamente deciden asociarse y viajar por distintas ciudades del país haciendo de las suyas. En el camino, Gilberto se enamora de Andrea, una joven cantante, hija de un empresario industrial.
Alejandro, interpretado el popular humorista Ernesto Albán, es un vendedor informal cuya habilidad para embaucar y convencer su principal capital de trabajo. “Vender para comer: That’s the question” es la máxima del personaje. Alejandro, encarnado César Carmigniani, es un galán romántico adicto al juego y a la aventura. El primero, viejo, dicharachero y misógino, abandonó a su familia y ahora ve en Alejandro al hijo que nunca tuvo. El segundo, dandi y enamoradizo, es un joven que se avergüenza de la vida que lleva aún cuando no está dispuesto a cambiarla.
La película recurre a construir un mundo liminal donde todo es peripecia, parodia y aventura. Con una sensibilidad näif, definida de entrada en los créditos animados, la película tiende a construir una mirada infantilizada que quita toda gravedad a los actos de sus personajes. En plena época modernización y retorno a la democracia, Dos para el camino, posiciona la imagen gozosa y carnavalesca del comerciante y el aventurero que de espaldas a la modernidad deciden encarrilar sus vidas por el camino de la aventura. No es gratuito de en varios ocasiones la racionalidad económica y científica sea duplicada, parodiada y burlada.
A través una estructura episódica resuelta por uso constante de la anécdota, el gag y la digresión, la película privilegia la fuerza de la escena por sobre el desarrollo dramático que resulta algo pobre. Los momentos más atractivos del filme desarrollan pequeños incidentes que tienen una cierta autonomía en relación a la trama. En un momento dado, Alejandro cuenta cómo abandonó a su esposa y suegra. El respectivo flash back es escenificado con la teatralidad de un cuento de brujas filmado en clave de cine silente. En otro momento, Gilberto, alucina un encuentro con su amada. Cual si fuese un clip, él y Andrea aparecen un escenario idílico, fotografiado con blur lateral, lleno de luces y reflejos.
Dos para el camino propone una reivindicación de la figura del ambulante (encarnada en las figuras del comerciante y el aventurero transhumantes) que través del uso de la astucia criolla consigue burlar a la autoridad y la ley. Las situaciones absurdas, el humor desopilante, la música incidental abiertamente kitsch y sintética, así como las canciones románticas interpretados por Annie Rossenfeld, actriz principal del reparto, confieren a la obra un encanto camp que pocas veces explorado en el cine ecuatoriano.
Dos para el camino. Año: 1981. Dirección: Jaime Cuesta y Alfonso Naranjo. Intérpretes: Annie Rossenfeld, César Carmigniani, Ernesto Albán, Alfonso Naranjo. Guión: Jaime Cuesta y Alfonso Naranjo. Producción: Cuestordóñez. Fotografía: Jaime Cuesta. Duración: 97 min.
|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
Béla Tarr: melancolia y condena
La condena, 1988
El hombre de Londres, 2007
.
|
1 comentarios
|
Vínculos a esta entrada
Blak Mama
Blak Mama (Patricio Andrade), Virgin Wolf (Ana Páliz) y I don dance (Bayron Paredes)
1
Blak Mama (2009) opera prima de Miguel Alverar y Patricio Andrade es una propuesta interdisciplinaria que mescla libremente danza, teatro, música. Está construida con el método de escritura automática. Es hermética, híbrida y barroca. Esta llena de símbolos, citas e intertextos. Trabaja con un humor negro que rosa en el absurdo. Tiene una retórica abigarrada que juega alegremente con los significantes de la cultura popular, los emblemas nacionales e identidades de género. Por estas razones, Blak Mama es una obra hecha para ser amada u odiada. Invita a la censura extrema o la celebración regocijante, al fetichismo o al repudio. En ningún caso a la indiferencia. Sin embargo, entre estos dos extremos cabe una serie de preguntas e interrogaciones que permitan apreciar los campos que apertura el filme y los límites de su propia enunciación. Entre el amor y odio, calzan perfectamente algunas reflexiones más sutiles y matizadas.
Blak Mama es excepcional. En una cinematografía conservadora y emergente como la ecuatoriana, un proyecto de siete años de investigación interdisciplinaria que involucró dos montajes escénicos antes de desembocar en el formato fílmico es irrepetible. Incluso si uno piensa en el contexto latinoamericano, son pocos los largometrajes experimentales menos aun si estos involucran producción de largo aliento. En contextos periféricos, signados por la falta recursos y la imposición de geopolíticas de la representación dictadas desde el Primer Mundo, la experimentación es un lujo de difícil financiamiento y nula rentabilidad simbólica. Blak Mama es un derroche pulsional, visual, simbólico y financiero. Es una fiesta irracional y excesiva en medio de la austeridad del cine ecuatoriano y la consciencia biempensante de la narrativa realista dominante en América Latina. Por su nivel de riesgo y ambición es comparable a The Players vs. Ángeles caídos (Argentina, 1969) de Alberto Fischerman o Fando y Lis (México, 1967) de Alexandro Jodorowsky. Lo cual puesto sobre el telón de fondo del la cultura ecuatoriana, caracterizada por la escasa desarrollo del campo de las artes visuales y el cine, es realmente significativo.
2
El trabajo de Miguel Alvear y Patricio Andrade pone en movimiento un conjunto de estrategias de sublimación y discurso tendientes a densificar el tejido narrativo sin pasar por la economía clásica del relato. La libre asociación, el contrapunto absurdo, el détournement, la parodia, la cita intertextual, la descontextualización, la resemantización se transforman en los operadores de un relato en el cual todo principio de realidad está sepultado. Con los mecanismos de condensación y desplazamiento propios del discurso onírico, Alvear y Andrade trabajan los significantes propios del ritual popular, más específicamente aquellos que gravitan alrededor de la fiesta de Mama Negra. En esta reelaboración estética y onírica del ritual religioso buscan destradicionalizar la cultura popular y reinstalarla en el escenario autoral, artístico y cinematográfico. Los símbolos colectivos hallan su equivalente perverso en la economía expresiva de los artistas. En este sentido, el filme es heredero de cierto onirismo del surrealista de los sesenta que esta matizado por la retórica barroca del realismo mágico y esa serie amalgamas entre lo popular y lo masivo que Néstor García-Canclini (1989) explicó en los años ochenta bajo el tópico de la “hibridez”. El universo cósmico y telúrico del filme es una celebración pantagruélica donde se mezclan dioses, semidioses y mortales. Ensoñación, sueño y realidad; pulsiones, carne y espíritu; cultura de élite, popular y masiva se funde y confunden. Lo kitsch y lo sublime, celestial y lo terreno, el ritual y el juego parecen disolverse en un solo gesto. Todo pierde sus límites en la fabulación onírica, hibrida y gozosa de los artistas.
3
Un leitmotiv de Blak Mama es la inconformidad con la propia identidad. El filme toma la lógica unitaria de los personajes “tipo”, característica del ritual popular, para transformarla en un juego de múltiples elecciones. Así cada personaje se desglosa en un conjunto de múltiples representaciones, opciones, ocupaciones, funciones e incluso intérpretes, como es el caso de Bámbola. Cada personaje es potencialmente un conjunto de “tipos” que pueden ir alternándose súbitamente a lo largo de la historia. Es decir, no hay un desarrollo dramático progresivo de uno a otro, sino saltos y transformaciones inesperadas. Esta multiplicidad de facetas discontinuas entre las cuales salta cada personaje es un abanico contradictorio de opciones a veces en pugna. Blak Mama es un macho impotente, Bámbola es una mujer frágil e invencible, I Don Dance es un Disk Jokey ashangero. Capiluna es militar rudo de tendencias gays, Ángel Extermindor es un ser celestial y mortal al mismo tiempo. Las distintas identidades que asume cada personaje son disfraces que se van calzando a gusto y disgusto. Frente a la concepción fija de identidad nacional, sexual, ocupacional, la película despliega lo que Judith Butler (2002) ha denominado como “travestismo de las identidades”. El discurso de los tipos y los roles es teatralizado, mientras que la identidad se transforma en una mascarada. Este travestismo es reelaborado a partir de la “códigofagia” que según Bolívar Echeverría (2000) caracteriza a la cultura popular barroca de América Latina. De ahí que el armario, símbolo de las identidades reprimidas socialmente, se transforme en un ícono que termina estallando, brutal alegato a favor de la coexistencia de todos los tipos posibles en el campo inclusivo de la pantalla barroca. El discurso crítico del filme parecería abogar por una especie de denuncia de las identidades no asumidas a partir de una condensación de la lógica teatral del travestismo y la códigofagia barroca. Frente al ocultamiento y la vergüenza que generan ciertas parcelas de la identidad nacional, popular y sexual, el filme plantea una especie de liberación pulsional de todo lo reprimido. Propone escenificar de forma exacerbada e irracional todo lo que esta oculto. Una hipervisibilización de lo invisibilizado por el eurocentrismo, el machismo y la razón. Las pulsiones barrocas de la cultura mestiza y chola, los deseos homoeróticos del macho, la cara siniestra del ideal femenino.
Virgin Wolf (Gabriela Rosero)
4
En la escena más vertiginosa y lograda del filme, Virgin Wolf se desprende de su manto, ataviada con un sensual baby doll enseña a bailar danzas takis a los demás personajes. En un ambiente tecno-orgiástico, la sensual virgen cercena con un mordiscón el falo de Capiluna. El rechoncho militar, afligido, ingresa a un horno ardiente para terminar transformado en un cerdo asado. Esta escena de amputación, angustia y suicidio masculino esconde una compleja dinámica libidinal que explica posicionamientos estéticos, sexuales y culturales del filme. Recordemos que para Freud la figura de la castración es la manera como se expresa el enigma de la diferencia sexual y se impone el principio de la realidad a través del miedo. Mientras para Lacan, la castración instaura las diferenciaciones simbólicas a partir de la articulación de orden de la falta. Para ambos psicoanalistas, el miedo a la perdida del falo es un sentimiento necesario para la construcción de la identidad sexual y el orden simbólico. En Blak Mama, la mujer ocupa el lugar del objeto fóbico. La representación femenina oscila entre la hembra devoradora (Virgin Wolf) y el objeto perdido (Bámbola). En ambos casos descompleta la potencia y la virilidad del macho. La figura de la mujer signa el miedo ante la castración, la mujer amenazante e indómita ocupa el lugar agente mutilador pero también el lugar del pene cercenado.
5
La misma lógica vinculada a la angustia frente a la castración se vuelve a repetir con los significantes de la cultura popular. La película pone en escena una mirada fascinada frente a los rituales populares y su despliegue escénico. Para los artistas que miran con ironía y distancia el ritual religioso de la Mama Negra, sus potentes manifestaciones son precisamente la constatación de lo que falta a la identidad ilustrada y urbana. La cultura popular es esa parte amputada que les recuerda que la identidad es un proyecto incompleto. La diferencia sexual (simbolizada en lo femenino) y la diferencia cultural (simbolizada en la cultura popular) hacen las veces de lo que falta en la conciencia masculina e ilustrada.
Cabe aquí una afinidad con la tesis que plantea Hal Foster (1995) respecto del primitivismo. Según el crítico norteamericano, el primitivismo es el inconsciente reprimido del arte moderno. De igual manera, ¿no es posible pensar en las manifestaciones colectivas y rituales de la Mama Negra como el inconsciente reprimido y fóbico del filme Blak Mama? Quedan sin embargo dos dudas. Por un lado, existen abismales diferencias entre los usos folclóricos de la cultura popular y la operación deconstructiva de Blak Mama. Por otro, el desbordamiento barroco y gozos del filme parecería estar lejos de cualquier sentimiento de miedo o angustia frente a la diferencia sexual y cultural.
Como lo ha propuesto Mauro Cerbino (2009), la película efectivamente propone una vía opuesta al realismo costumbrista sobre el cual se ha construido el floclore nacional. A través de la distorsión, la contaminación y la hibridez, Blak Mama realiza un trabajo deconstructivo de los imaginarios de la ecuatorianidad. Admitiendo este punto, podríamos decir que las representaciones estereotipadas del folclore realizan un uso fetichista de la cultura popular, en ellas las tradiciones, los rituales y las fiestas populares configuran una escena primaria congelada, donde la falta ha sido eliminada. Por oposición, la operación deconstructiva de Blak Mama opera desde la angustia de castración. Para aclarar este punto traigo a discusión dos filmes que tienen mucho en común con la película de Alvear y Andrade: La vía láctea (1969) de Luis Buñuel y The Holy Mountain (1973) de Alejandro Jodorowsky. Como Blak Mama, los dos filmes funcionan bajo la narrativa del viaje místico, ambos tienen una estética barroca con ribetes surrealistas y una fuerte impronta masculina. La exacerbación de la estética barroca en ambos casos se produce ante la necesidad de representar aquello que es irrepresentable para la conciencia racional y cartesiana. Como lo ha destacado Carlos Soldevilla (2007), “la folie du voir” propia del barroco es una reacción ante lo indecible o irrepresentable que el psicoanálisis lacaneano asocia con la falta. Mi hipótesis es que para taponar la angustia de la castración, Blak Mama despliega todo su universo densamente poblado de imágenes, citas, parodias e intertextos. El barroquismo de la película no es más que “horror vacui”, al vacío dejado en la conciencia de los artistas por los significantes femeninos y populares que se construyen como la falta. La algarabía barroca del filme no es más que una manera de tapar el vacio del otro a través de una torsión de las imágenes y símbolos que ocultan el miedo.

Capiluna (Pepe Alvear)
6
En una operación similar a la planteada por artistas como Gillermo Gómez-Peña, Ángel Valdez o Christian Bendayan, Alvear y Andrade cuestionan las simbologías patrias y juegan libremente con significantes de la cultura popular. Como ellos hacen de la escena de la representación un escenario conflictivo en donde se expresan las tensiones de nuestra modernidad barroca y periférica. Sin embargo, frente a un trabajo paródico como Blak Mama nunca está demás preguntarse por las consecuencias políticas que este entraña. ¿Con que finalidad la película torciona y distorciona los significantes de la cultura popular? ¿Cuál es la economía de poder y resistencias en la que una película como esta funciona? Me parece que la diseminación de sentidos propugnada por la obra alcanza un límite. A diferencia de artistas como el mexicano Gómez-Peña, que concibe su trabajo como una acción política de lucha por la representación, el surrealismo de Alvear y Andrade parece ocluir los flujos culturales y sociales de la cultura popular para centralizarlos en la figura del artista individual. En efecto la operación deconstructiva que realizan los autores parece estar al servicio de la expresión autoral y subjetiva al estilo de las alegorías de Jodorowsky o Raúl Ruiz, autor al que Alvear admira. Las instancias colectivas de enunciación y las luchas sociales por la representación tienen poco peso específico en el discurso del filme. En ciertas escenas, se siente la autoridad férrea de los realizadores intentando que todo en el cuadro esté en su sitio. Este prurito esteticista delata una instancia autoral incuestionada que trabaja con los significantes de lo popular desde una conciencia poco crítica sobre las consecuencias de su acción. La estética híbrida de Blak Mama encubre una conciencia cerrada a toda participación social o colectiva. Los paisajes vacíos en medio de los cuales los personajes realizan sus acciones, así como el performance que realiza Blak Mama en el Mercado del Salto en Latacunga hablan de ello.
Pensadores como Deleuze (1989), Calabrese (1994) o Brea (1989) encontraron en la alegoría barroca una visualidad capaz de cuestionar la economía clásica de la modernidad ilustrada. Autores como García-Canclini (1989), Gruzinski (2000) y Echeverría (2000) encontraron la hibridez y el barroquismo un signo de resistencia y modernidad cultural propia de América Latina. En el contexto actual, cabe preguntarse si la estrategia barroca sigue siendo eficaz. Me parece que atisbo una respuesta. Cuando el pensamiento sobre la hibridez es cuestionado por la crítica poscolonial y los estudios subalternos, cuando las prácticas artísticas y cinematográficas en América Latina tienden a cuestionar la distancia entre la representación y lo representado, la alegoría barroca se transforma en una expresión fácilmente asimilable e incluso conservadora.
Bibliografía
Calabrese, Omar, La era neobarroca, Cátedra, Madrid, 1994.
Cervino, Mauro, “Avatares de Blak Mama” en Diario El Telégrafo, 08 de marzo del 2009.
Deleuze, Guilles, El pliegue. Leibniz y el Barroco, Paidós, Barcelona, 1989.
García Canclini, Nelson, Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad, Grijalbo, México, 1989.
José Luis Brea, Nuevas estrategias alegóricas, Editorial Tecnos, Madrid 1989.
Butler, Judith, Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del `sexo’, Paidós, Buenos Aires, 2002.
Echeverría, Bolívar, La modernidad de lo barroco, Era, México, 2000.
Freud, Sigmund, "Análisis de la Fobia de un Niño de Cinco Años" en Obras Completas de Freud, Amorrortu, Buenos Aires, 1976.
Foster, Hall, “The ‘Primitive’ Unconscious of Modern Art, or Wihite Skin Black Masks, en Recordings: Art, spectacle and Politics, Boy Press, Londres, 1995.
Gruzinski, Serge, El pensamiento mestizo, Paidós, Barcelona, 2000.
Lacan, Jacques, El Seminario 4. La relación de objeto, quinta reimpresión, Paidós, Buenos Aires, 2005.
Soldevilla, Carlos, “El trasfondo barroco del psicoanálisis” en Revista Arbor, Vol CLXXXIII, No 723, enero-febrero 2007, disponible en http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/viewFile/83/83
.
Comentario de Andres Osorio*
Tu texto surge con una dificultad de principio: tratar de dar sentido y una lectura de continua a algo que se nutre del sin-sentido y la discontinuidad. Me parece interesante la lectura cruzada que haces desde lo psicoanalítico (que se mueve desde lo individual), y lo social**, lectura esta última soportada de las ideas de “cultura popular”, “identidad nacional”, “ecuatorianidad”.
Ahora bien, la película cuando la vi me pareció moverse en un ritmo sincrónico. La diacronía era constantemente cortada por el influjo de algo que de repente cae en el relato de la película. En este sentido me invitaba a pensar en el “su-real-ismo” que este eje marca. En la sincronía se mueve la muerte, el real, el sin-sentido (por eso me parece escuche alguna vez que el surrealismo propone a la metáfora en su más fuerte expresión). La identidad es algo construido desde la imagen, por ende se vuelve algo que entra en orden de lo imaginario. El yo se construye con la asunción, por vía de la imagen, de que aquello que está del otro lado del espejo “soy yo”, claro esto, por intervención del Otro (que me dice: “Eso eres tú” al que debo verlo primero para después volver mi mirada sobre mi, y poder sostener que eso “soy yo”.
Esto es constituyente y necesario en la edificación de un sujeto (que más bien sería nombrarlo individuo puesto que sujeto responde a otra lógica ligada a lo simbólico). Lo colectivo se asienta del compartimiento de ciertos rasgos comunes, esto es, una suerte de sumatoria de los yoes en los cuales me puedo identificar, y con los cuales nos parecemos más que diferenciarnos. (Piensa en la “piel de tu país” como haciendo referencia a un solo cuerpo al que “todos” visten, por ejemplo; o sino también al cuerpo de bomberos, que hace alusión al conjunto).
La diferencia está del lado simbólico, y esa es una cuestión de estructura. “No hay un significante que se signifique a sí mismo”, quiere decir que para poder significar algo, siempre necesita de otro significante enlazado, encadenado con el primero. En la distancia entre los dos, está un vacío ocupado por el sujeto, mismo que se efectúa por tal llamamiento de “un” significante al “otro” significante. El falo es lo que falta, es castración que opera en el envío y reenvío significante. En tanto falta es el vacío que opera entre significantes.
La castración puede ser imaginaria (ahí por ejemplo la diferencia anatómica de los sexos, y de lo que Juanito se toma para producir su fobia), real, y también simbólica ( en la que hombres y mujeres están involucrados, claro por vías diferentes arriban a la misma condición castrada, por eso Freud hace distinción entre “angustia de castración” y “complejo de castración” en la relación que un niño establece con sus órganos sexuales).
Teniendo en cuenta estas consideraciones, de tu lectura me pareció interesante la idea de castración que en el símbolo se ejerce en la película. Es el símbolo, en tanto castrado (me parece es lo que hace la película cuando usa los símbolos en una polisemia artística) y en este sentido, sostenido de lo simbólico, el que pone en entredicho las ideas de identidad, de ecuatorianidad, que más bien tendrían que ver con la representación imaginaria de lo que el país o su gente es. En este sentido, es como la operación analítica, en la que deben ir cayendo los imaginarios acerca de lo que se es, operación que viene de lo real –ligado a lo simbólico- (de lo sincrónico que había anotada arriba), del sin-sentido que una interpretación puede situar. He allí el valor de la película en su relación al su-real-ismo, y a lo operado por este como discontinuidad en la construcción de identidades (cultura popular por ejemplo). Tu lectura es interesante porque liga estas dos dimensiones.
Ahora bien, me pierdo un poco cuando lo barroco entra en escena, pero ante lo cual vale decir. El vacío es potencializador, no de identidades sino de deseo. Cuando los imaginarios caen, cuando la identidad es ahuequeada, la vía de salida no es el cambio de respuesta y la elaboración de otra ante la pregunta ¿qué somos?, sino la producción artística (en sentido psicoanálitico, como producción a partir del vacío). Quizá aquí haya una disensión entre lo que tu concluyes en tu escrito, y lo que el psicoanálisis oferta (por tal motivo me parece siempre dificultosa las lecturas cruzadas desde campos de saber diferentes). Pues, pienso que la película es resultado de ella misma, es resultado de lo que critica, es puesta en escena de un vacío, una castración simbólica asumida artísticamente por los cineastas quienes su propuesta la sostienen de la película misma. Es un discurso cinematográfico, a mi parecer, puramente artístico, que por ende tendrá un sin-sentido implicado que no se cierra y no concluye, que más que poner en escena la representación, los símbolos; al contrario evidencia, su desconstitución y ahuecamiento.
El vacío ejercido por la película misma es puesta en acto en la película, en la realización de la misma. Cada espectador a mi entender tendrá que hacer algo con ese vacío, tendrá que operar desde su perspectiva al hueco como fuente de creación particular; cuestión que es contraria a la intención de cambiar la respuesta a la pregunta ¿qué somos?, pregunta colectiva, en la que la operación simbólica no trabaja, pues no hay “enunciación” colectiva.
___________________________________________________
(*) Psicoanalista lacaneano
(**) Esto de social sería también de revisarlo, puesto que me parece todas esas referencias apuntan a la idea de lo “colectivo”, que me parece no es lo mismo que lo social. Lo primero me parece se sostiene desde lo imaginario, mientras lo segundo creo tiene más de simbólico. Por ejemplo, “el discurso hace lazo social”, como operación de intercambio a partir de una falta, falta que desde lo imaginario no tiene lugar.
|
1 comentarios
|
Vínculos a esta entrada
Filia, fobia y cine
Estas dos imágenes me han acompañado siempre. Fueron sueños recurrentes en mi infancia, recuerdos olvidados en la adolescencia, preguntas necesarias más tarde. Algo importante y constitutivo de mi mismo, está cifrado en esas imágenes. Lo sé. Aun así, no he querido ir al diván del doctor Freud. Preferí hacer la interpretación a mi manera. Durante años, me dedique a recordarlas, reconstruirlas y leerlas como si fuesen un hermético filme.
La lectura atenta de las imágenes me llevo a primeros hallazgos. El fondo obscuro y los ruidos sordos me remitían al universo de lo desconocido, lo inarticulado carente de sentido. Eran la manera como la presencia de la muerte se había grabado en mi memoria. Sobre ese angustiante telón de fondo, los dibujos luminosos y sus movimientos repetitivos contaban una historia en la cuales no importaban tanto las anécdotas y los detalles.
En la primera escena, el eje sobre el que gravitaba la cadena era un centro, era un punto de subjetivación, debía ser el lugar de mi propio yo. Un yo aterrorizado por una fuerza que crecía amenazante. En la segunda escena, las toscas representaciones de los boxeadores estaban sexualizadas. El garabato grande era masculino, el pequeño femenino. Por su contextura podían ser mi padre y mi madre, eran mi padre y mi madre. Era mi padre a punto de golpear a mi madre. En el ring, la violencia paterna, la fuerza de la autoridad, era arengada por el siniestro ruido de una multitud. La autoridad, la violencia y la muerte confluían en un cuadro terrorífico.
Segundo hallazgo. Cuando uno mira una bombilla eléctrica y cierra los ojos repentinamente los filamentos luminosos se quedan gravados en la memoria. Ambos sueños se parecían a esa post-imagen producida por la persistencia de la luz en la retina. Las dos eran imágenes fijadas en la menoria que habían perdido la capacidad de relacionarse con otras tal y como sucede con el filamento luminoso.
Efectivamente, lo que volvía siniestras a las imágenes era la fijeza, la incapacidad ser trastocadas por otras imágenes. El efecto traumático que estas tenían en mis sueños estaba relacionado con la ausencia de flujo y de movimiento. En contraste, las imágenes cinematográficas no son sino una sucesión vertiginosa de cuadros. Una imagen sepulta a la otra impidiendo que ninguna se fije y transformando el conjunto en un flujo constante que produce la impresión de movimiento. Si el cine es flujo constante de imágenes, impresión de movimiento, tiempo en estado puro. La imagen traumática era una escena detenida que volvía como un loop e impedía el flujo de la vida.
Era necesario inyectar una dosis de movimiento a esas imágenes detenidas para volverlas más cinematográficas y menos siniestras. Sin ser consciente del asunto, eso es lo que había echo. Hablar, escribir, producir sentido para transformar el desconcierto y el miedo. Esa fue mi estrategia. También mi camino a la crítica de cine.
Hoy sigo pensando en esas dos escenas sobre el fondo obscuro, ya no me producen miedo. Siempre encuentro nuevos sentimientos, interpretaciones y preguntas para ellas. Estoy fascinado con las imágenes, no puedo evitarlo, no quiero evitarlo. Son mi fetiche, lo sé. Ahí estoy frente a la imagen, frente a la pantalla, intentando pensar que el mundo puede sostenerse desde la pura pasión.
|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
Colonialismo / canibalismo
Imágenes terríficas del primitivo, el salvaje, el caníbal, el zombi que circulan con fruición en el cine, la televisión, el internet no son sino mutaciones contemporáneas de los viejas imágenes coloniales. Tras ellas se ocultan una serie de imaginarios que el colonizador uso para desautorizar expresiones y prácticas culturales de los pueblos indígenas de América. También, los miedos y ansiedades que despertó en los europeos el conocimiento de hombres y sociedades diferentes que alcanzaron a comprender.
La figura del caníbal ha sido quizá una de los tropos centrales acuñados en la conquista y colonización de América. Es por esta razón, el grupo de trabajo La Tronkal, ha propuesto la revisión crítica de esta figura a partir del Seminario “Colonialidad del ver” que será dictado por Joaquín Barriendos y la muestra “Cine y canibalismo”. A través de ambos eventos se pretende poner en discusión los saberes y las imágenes producidas desde una mirada eurocéntrica que han estructurado que han estructurado la cultura visual en América Latina.
El ciclo de cine propone cuatro entradas al fenómeno del canibalismo a partir de cuatro películas extremas: Holocausto caníbal (1980) de Ruggero Deodato, Macunaima (1969) de Joachim Pedro de Andrade, Stranded (2008) de Gonzalo Arijón, El Caníbal de Rotemburgo (2006) de Martin Weisz. Todas ellas, ponen en imagen a través de diversos mecanismo una el mito primitivo del canibalismo, esa escena primaria del colonialismo que se encuentra reprimida por el espectáculo cinematográfico. En los cuatro filmes, el acto fantasmático en que un ser humano alimenta de carne de sus congéneres es evocado como situación límite e insoportable que marca las fronteras de lo humano.
Holocausto caníbal, clásico del cine mondo italiano, sigue los códigos del cine de explotación para proponer una confrontación entra la fascinación y el repudio ante al acto caníbal. Cuenta la historia de unos jóvenes documentalistas que son castigados por una tribu amazónica luego de causar una serie de asesinatos y violaciones. Macunaima propone un diálogo entre el movimiento antropófago de los años 20 y el Cinema Novo brasileño de los 60. La película adapta la novela homónima por Mario Andrade, para construir un mundo mágico y surrealista en donde existe una resemantización de todos valores instaurados por el colonialismo. Por otro lado, Stranded documenta testimonios de los sobrevivientes de un avión accidentado en los Andes en 1972. El filme aborda el dilema moral y civilizatorio del canibalismo sobre el telón de fondo de la sobrevivencia en condiciones extremas. Finalmente, El Caníbal de Rotemburgo recrea la historia de Armin Meiwes, un psicópata que en 2001 contacto a una víctima por internet que accedió a ser asesinado y finalmente devorado. A través de la mirada de una joven estudiante que investiga el caso Meiwes, el filme pone en escena los miedos primarios la cultura europea. Caracteriza al canibalismo como forma de descomposición social enfrentada a los valores liberales racionalidad, la voluntad individual y el libre consentimiento.
Los primeros colonizadores europeos inventaron al caníbal para caracterizar la supuesta inhumanidad de pueblos indígenas de América. En la sociedad posmoderna y multicultural, estas imágenes lejos de haber sido erradicadas se han multiplicado generando nuevas fantasmas para referirse a quien no participa delos valores occidentales. El caníbal parece ser un tema más actual que nunca.
|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
Pasado y simpatía
Descartes (2009) de Fernando MielesSegún David Hume, la simpatía es un suave movimiento de afectividad que procura el bienestar o la satisfacción del otro. El documental de Mieles, efectivamente, trabaja sobre esta satisfacción del otro, sea este sus entrevistados o el publico espectador. Por un lado, el realizador logra generar una empatía gozosa con sus entrevistados quizá por el solo hecho de que todos comparten una pasión por el cine. En los retratos de Gustavo Valle, Gerard Raad, Jorge Suárez, Juan Hadatty, Gabriel Tramontana, Jorge Massucco y Lucho Costa que la película realiza destella el brillo de una pasión incomprendida. Todos ellos parecen complacidos con la búsqueda que Mieles les propone: hurgar en el recuerdo de la edad de oro que vivió Guayaquil en los años setenta.
Por otro lado, el filme administra la información para conducir suavemente al espectador hacía la comprensión de las pasiones de sus personajes. A través de un hábil montaje, se alternan múltiples testimonios de las personalidades arriba mencionadas con la búsqueda que Gustavo Valle emprende de tres de sus cortometrajes extraviados: Subamericano, Naturaleza muerta y De cómo engañar a los muertos. Mientras, entre sus recuerdos perdidos, los entrevistados hablan del talento de Valle, este apenas se gana la vida como fotógrafo de eventos sociales. El relato dosifica hábilmente suspenso, humor e ironía. Monta de forma esporádica los fragmentos descartados de las películas extraviadas que Valle atesora después de la perdida de sus filmes.
Con modestia, el director de Prometeo encadenado, parte de pequeñas historias que encubren a complejos problemas. Estamos lejos de la grandilocuencia de filmes como Este maldito país o Cuba, el valor de la utopía. Desde búsquedas y preguntas sencillas poco a poco van a pareciendo temas como la historia del cine en Guayaquil, la relación entre olvido y memoria y el estado de los archivos y el patrimonio cinematográfico. En un acto de justicia poética, todo aquello que tradicionalmente calificado como menor o descartable adquiere su justo lugar en el filme. De ahí el título del documenta y su narrativa dispendiosa que incluye líneas de diálogo que abrían sido suprimidas por cualquier diligente editor.
Como es conocido la historia del cine ecuatoriano se caracterizó por su discontinuidad e intermitencia. Durante el siglo XX, existieron muchos periodos en los cuales no hubo producción cinematográfica. Estos años perdidos, generaron dos actitudes: la angustiosa sensación de un permanente comienzo y la búsqueda afirmativa de padres fundadores. Si la primera de estas actitudes fue la marca de los años ochenta, la segunda es quizá la impronta de la actualidad. Filmes como Augusto San Miguel ha muerto ayer de Xavier Izquierdo y Descartes de Fernando Mieles surgen de esa búsqueda de tradiciones y referentes históricos. Saludable invención de un pasado para el cine ecuatoriano empeñado en tener un futuro.
|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
¿Qué es el cine intercultural?
Atanarjuat: The Fast Runner (2001) de Zacharias Kunuk Empecé a hacerme estas preguntas a partir de mi interés por analizar el cine de temática indígena realizada en Ecuador. Efectivamente el cine indigenista puso en contacto dos culturas distintas: la de los pueblos y nacionalidades indígenas, y la de los cineastas educados en la cultura occidental. Está aún por pensarse que tipo de relaciones entre ambas culturas proponen estas producciones. Mi punto de partida es que existen múltiples relaciones entre culturas distintas, la interculturalidad es una de ellas. Las tecnologías audiovisuales median estas relaciones y las orientan en una u otra dirección.
Según Adolfo Colombres, en América Latina han existido tres formas de la relación entre culturas: la colonial, la mestiza y la intercultural. En la primera existe una dominación de la cultura europea sobre las culturas subalternas (sea esta indigena o afrodesendiente), en la segundo existe una apropiación de temáticas vernaculas pero dentro de un lenguaje occidental. Finalmente, en la tercera, las dos culturas se piensan de manera “simétrica” como productoras de lenguaje y discurso. Imposición, apropiación y negociación caracterizan respectivamente a estas tres formas. Estas modalidades, que a veces conviven simultáneamente, pueden reconocerse fácilmente el en cine. Podemos ver una forma de relación colonial las representaciones que sobre pueblos no occidentales hace el cine clásico de Hollywood. Constatamos una relación de apropiación en los cines nacionales de América Latina, pero también en el cine multicultural realizado en el Primer Mundo que reconoce a las otras culturas como realidades lejanas y esenciales. Finalmente, creemos reconocer relaciones interculturales en producciones audiovisuales cuyo lenguaje está permeado por cosmovisones y estéticas distintas al cine occidental. La producción de cineastas y pueblos indígenas son un ejemplo de ello.
El cine intercultural plantea una interacción entre culturas distintas admitiendo que no existen códigos cinematográficos universales. Es un expresión hibrida por excelencia capaz de plasmar un dialogo narrativo, estético y cultural. Como lo ha planteado Laura Marks, el cine intercultural es una expresión autoconciente de si misma y de sus límites que está abierta a la contaminación del otro. Es un cine donde el “yo” puede ser “otro”. Donde los códigos establecidos y los valores universales se ponen en cuestión. Frente a este cine, los criterios profesionales con los que se juzga los que es un buen filme son insuficientes, el propio concepto de lo que llamamos “cine” necesita ser reformulado.
Por un momento pensemos desde esta perspectiva intercultural. Analicemos filmes tan diversos como El corazón del tiempo de mexicano Alberto Cortés, El regalo de la Pachamama del japonés Toshifumi Matsushita, BirdWatchers del realizador italo-argentino Marco Bechis. O incluso películas de menor presupuesto como la ecuatoriana Sara, la espantapájaros de Jorge Vivanco. Todas abordan la temática indígena desde una mirada crítica a la imposición cultural colonialista. Todas trabajan con actores naturales y con un sentido testimonial, acentuado en unos casos mitigado en otros.
En estos cuatro filmes, se representan a los pueblos indígenas como comunidades no tradicionales abiertas al cambio (El corazón del tiempo), a través de sus complejos ritos de pasaje intergeneracional (El regalo de la Pachamama), de forma irónica disfrazándose de salvajes para los turistas (BirdWatchers), o en relato fantástico que recrean la tradición oral (Sara, la espantapájaros). Sin embargo, en todos los casos, el propio lenguaje cinematográfico aparece incuestionado. Las cuatro películas trabajan con estructuras narrativas y visuales que no dan lugar para la relación intercultural. El caso más revelador es quizá el filme de Toshifumi Matsushita. Obra preciosa, por lo demás, en donde no existe un solo encuadre imperfecto. En ella se puede percibir toda una tradición del cine japonés apropiándose paisajes, personajes y sucesos sin establecer ningún diálogo con la cultura guaraní. Sin restarles ningún mérito a estos filmes, creo que en ellos la reflexión sobre un cine intercultural sigue aun pendiente.
|
1 comentarios
|
Vínculos a esta entrada
El cine y la postautonomía
Redacted (2007) de Brian de PalmaEstimulado por las potentes reflexiones de Ludmer, me preguntó si no pasaba algo similar en el campo cinematográfico. ¿Cómo han afectado las nuevas condiciones de producción y consumo audiovisual al campo cinematográfico? ¿Qué ha pasado con el concepto de autonomía en los reinos del cine?
La autonomía es un concepto moderno. La complejidad de la vida social planteó el imperativo de diferenciar distintas esferas culturales regidas por sus propios valores y normas. El arte, la literatura y el cine proclamaron su autonomía, independizándose del pensamiento religioso, político e ideológico. Cada cual construyó sus propias instituciones, tribunales, jueces y parámetros de valor. Con la crisis de la modernidad, la utopía autonomista se viene abajo. Las disciplinas son cuestionadas en un mundo desbordado en donde las esferas políticas, económicas y culturales se fusionan.
A diferencia la literatura, el cine es un arte de masas, una industria del espectáculo. Esta situación hizo que la conquista de la autonomía siempre fuera problemática. Sin embargo, a partir de los años treinta del siglo pasado surgen las primeras asociaciones profesionales, academias, festivales y la crítica especializada. Con estas instrucciones el cine alcanza su autonomía y se consagra como la séptima de las artes. En los años cincuenta, los críticos franceses darán el toque final a ese proceso con la reivindicación de “lo cinematográfico”, aquel valor que pertenece estrictamente a la obra fílmica.
En la actualidad el poderoso edificio de la autonomía fílmica parece minado desde sus cimientos. Las condiciones de la producción y el consumo cinematográfico han llevado a una anulación de esa muralla que se construyó alrededor de la obra fílmica con el objetivo de separarla de la realidad cotidiana. La inmediatez de la imagen digital tiende a reducir la distancia entre el tiempo presente de la percepción y el tiempo siempre pasado del fílme. Los nuevos ambientes de recepción (construidos alrededor de un receptor de tv., un monitor de computadora o simplemente un teléfono celular) definitivamente secularizaron la experiencia sagrada de la sala obscura.
El cine ha dejado de ser un discurso cercado. Sus límites claramente establecidos empiezan a desvanecerse. Las propuestas más interesantes y quizá desconcertantes de la actualidad proponen un cine desbordado capaz de salir de sí mismo. El filme contemporáneo abandona el espacio conquistado a lo largo de ochenta años para abrirse de otros discursos visuales de la vida cotidiana. Un cine impuro atraviesa la frontera cinematográfica para fundirse y confundirse con la realidad. Una realidad que en la época tardía de las imágenes del mundo está integrada por registros documentales, programas televisivos, planos secuencia de webcam, filmes que circulan en la red o nuestra colección personal de cortos en YouTube.
Desde cine sin afeites propuesto por el Dogma 95 hasta la poética de lo real planteada por Kiarostami, el cine ha abandonado el campo autónomo de representación para devenir testimonio. En estas propuestas el concepto tradicional de filme da paso a una puesta en escena bastante desconcertante que se desliza en los bordes de la ficción y la realidad. En el cine de Víctor Gaviria, Lisandro Alonso, Pedro Costa, Cristi Puiu, los hermanos Dardenne el mundo cerrado de la ficción clásica y el universo auto referencial del autor son perforados para dejar ingresar lo real que está más allá del propio cine.
Filmes como Sin City de Frank Miller, Robert Rodríguez y Quentin Tarantino o Renaissance de Christian Volckman son una demostración clara del devenir gráfico, visual, definitivamente otro del cine. Quizá nunca el cine ha habitado tan a gusto ese espacio intersticial entre film noir y el comic. Inland Empire de David Lynch han llevado a una dimensión sublime la reflexión sobre el cine fuera del cine. La película no solo usa un tipo de fotografía saturada que emula la retórica de la webcam, sino que juega con la experiencia espacio-temporal característica de la navegación en la red. Con razón, Manuel Yáñez Murillo ha planteado que Inland Empire es la primera gran película de la era YouTube. Por otro lado, Redacted de Brian de Palma hizo de la pantallización de la vida cotidiana un fundamneto estético y narrativo. Através de un collage de formatos y soportes como el video domestico, los noticieros, las grabaciones de las cámaras de seguridad, los videos colgados en la red, el video chat, el filme hace una crónica asombrosa del poder narrativo de las imagenes post-cinematográficas. El cine piensa sobre sus propios límites.
Una vez caída la muralla autonómica, entre la ruinas, se vislumbra un cambio de episteme cinematográfica. Los parámetros del gusto están sometidos a una profunda reformulación. Todos aquellos valores puramente cinematográficos conquistados en la época de la autonomía han perdido su sentido absoluto. Los criterios coherencia, calidad, factura técnica y valor estético no alcanzan a dar cuenta de la novedad del cine contemporáneo. La filme postautonomo llegó y ya nada será igual.
|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
María: víctima de lo absoluto
El matrimonio de María Braun (1978)
|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
Dreyer o filmar lo infinito
Dies Irae (1943)Sus películas abordan dimensiones sobrenaturales (Vampyr, 1930), milagrosas (Ordet, 1955), inexplicables (Dies Irae, 1943) de la vida histórica, familiar y cotidiana. Más allá del lenguaje realista o fantástico, buscan algo similar a la experiencia religiosa a la cual se accede a través de la fé, no por la razón o la vista. En una entrevista, Dreyer audazmente afirmo: “Un director debe creer en la verdad de sus temas. Debe creer en vampiros y milagros.” Con justa razón, el historiador y guinista norteamericano Paul Schrader lo ubica, junto con Ozu y Bresson, como uno de los grandes maestros de estilo trascendental en el cine.
Usando los recursos de la tradición expresionista, naturalista o el Kammerspielfilm, Dreyer logró encontrar el equivalente profano y fílmico para la experiencia sagrada. El plano secuencia, la toma de larga duración, el cuadro fijo recorrido por la cámara, las elaboradas escenografías, teatralidad de la escena generan frescos vivientes que citan a Rembrandt y Vermeer. La fotografía en blanco y negro de exquisita luminosidad y contraste logra filmar el misterio de la palabra hablada sobre el telón de fondo del silencio infinito. Relatos cotidianos estrictamente ordenados donde las pasiones están controladas por los imperativos religiosos, morales y familiares, súbitamente se abren hacía un tiempo vertical. El retrato físico de los cuerpos y escenarios salta hacía lo espiritual y de lo espiritual a lo sagrado. Por esta razón, según el crítico norteamericano Tag Gallagher, en la obra del danés “los objetos se vuelven sacramentales”, “el tiempo mágico”.
|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
Las huellas del olvido

En alguna ocasión, Camilo Luzuriaga decía que los cineastas ecuatorianos no asumen su condición de intelectuales. Creo que la cosa es mucho peor. En nuestro país hacer cine está en camino de convertirse en un ejercicio técnico divorciado del trabajo intelectual. Por esta razón es gratificante encontrase con un documental como Memoria de Quito de Mauricio Velasco. El filme es una sobria reflexión sobre los usos políticos de la imagen, sobre la construcción de la memoria, sobre las historias no contadas de la población indígena dentro del relato fundacional de nuestra ciudad capital.
Una fotografía de una mujer indígena que permanece desnuda y de pie expuesta a la mirada escrutadora de una cámara es el origen de una compleja indagación. El documentalista se pregunta quién puede haber sido esta mujer de la cual solo queda un registro fotográfico sobre un pedazo de papel ajado. En la búsqueda de esa respuesta se despliegan un denso tejido de asociaciones que confrontan al presente con el pasado, al mestizo con el indígena, la identidad con su sombra.
Por su condición de indígena, mujer y malformada, la fotografiada seguramente estuvo sometida a una triple discriminación. Su vida fue insignificante para la historia, el poder y la ciudad. El documental, cumple entonces la función de dotar de significancia a ese ser insignificante. La imagen se convierte así en un síntoma de los traumas culturales, sociales e históricos de nuestra sociedad marcada aun por una mentalidad colonial. A través de un juego de relaciones emerge poco a poco y de forma sutil el racismo, la discriminación y la exclusión característica de la muy noble ciudad de Quito.
Partiendo de la tesis de Walter Benjamin que dice “todo documento de civilización es documento de barbarie”, Velasco analiza y deconstruye la violencia simbólica que está detrás de imágenes aparentemente anodinas. Dibujos, pinturas coloniales, fotografías y filmes de archivo, fragmentos de programas de televisión son puestos en diálogo con una serie de discursos críticos. La voz reflexiva del documentalista y las opiniones de una serie de estudiosos, historiadores y dirigentes indígenas, desvirtúan la neutralidad de las imágenes. A través de los álbumes de la ciudad, del patrimonio cultural, de la regeneración urbana, el filme muestra como las elites ilustradas concibieron al indígena como un lastre cultural a ser erradicado.
Tras su indagación el documentalista llega una sola certeza. Nunca lleguemos a saber nada esta indígena ni del hijo que lleva en el vientre. De ella no se conserva nada, ni su nombre, ni su edad, su dirección. Excepto esta fotografía, quizá tomada por algún medico higienista con la finalidad de estudiar y regenerar a la raza indígena. Esta fotografía es parte de una historia no escrita, de un pasado repleto de vidas insignificantes que la ciudad moderna y civilizada preferiría olvidar. Memoria de Quito, es un ejercicio intelectual que nos recuerda que el olvido siempre deja sus huellas.
|
3
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
Imagen, performatividad y subjetividad.
.
Es nuestra intensión detenernos en esta sexta modalidad de la representación documental que plantea complejos problemas políticos y epistemológicos e inmensos desafíos a la concepción tradicional de representación cinematográfica. Elementos poco estudiados hasta la fecha.
Imagen, cuerpo y subjetividad
Según Nichols, el documental performativo se caracteriza por el desarrollo de un conocimiento concreto y corporizado que se encarna en una subjetividad que se sustrae a la lógica del los universales y la objetividad. Por esta razón,
“La cualidad referencial del documental que atestigua de su función como una
ventana hacia el mundo cede hacia una cualidad expresiva que afirma la
perspectiva absolutamente situada, corporizada y personalmente vivida de
sujetos específicos, incluido el director” (2001).
En tal virtud, el documental performativo cuestiona enérgicamente la presencia de un sujeto omnisciente capaz de dominar la totalidad de la realidad y rechaza técnicas como las de comentario en voice-of-God. Opera a partir de la trasmisión de una vivencia subjetiva, de una experiencia localizada del mundo y encarnada en un cuerpo. De ahí que Jean-Louis Comolli (2004) llegue incluso a realizar toda una reflexión sobre como el cuerpo filmado del cineasta realizando una película plantea una irrupción sensible y matérica de la subjetividad dentro del texto fílmico. El filme performativo tiene un alto valor imaginario, testimonial y autobiográfico a partir del cual se filtran los hechos reales. Apela a libertades poéticas (flashbakcs, imágenes congeladas, planos fragmentarios, partituras musicales) y a formatos poco convencionales altamente subjetivados (el diario íntimo, la confesión, el testimonio). En este sentido se parece al cine experimental y de vanguardia, pero a diferencia de estos desconfía de la autonomía fílmica y plantea una reinserción de la obra en su contexto social y cultural. Sus temáticas parten la experiencia subjetiva para plantear problemáticas sociales y políticas que rebasan el mero dominio del individuo.
Performatividad y producción de realidad
El filosofó británico John Austin denominó como “performativo” a aquel enunciado ilocutivo que no tiene un valor constatativo determinado por la verdad o la falsedad, sino un efecto abocado al éxito o el fracaso. El performativo “no consiste, o no consiste meramente, en decir algo, sino en hacer algo” escribe Austin (1990). Como lo desarrolló posteriormente Jacques Derrida (1996), la fuerza del performativo radica en “la intervención de un enunciado que en sí mismo no puede ser sino de estructura repetitiva o citacional”. Esta particular característica, conocida como “citacionalidad” o “iterabilidad” es la condición por la cual el discurso se traduce en fuerza y poder. La performatividad depende de la capacidad para repetirse en distintos contextos haciendo posible la transmisión de esquemas, normas y acuerdos establecidos socialmente. Conforme a ciertas convenciones institucionales y sociales, la imagen performativa es capaz de producir aquello que enuncia. Es en este punto donde radica su novedad absoluta.
La performatividad es la capacidad que tienen las palabras y las imágenes para producir realidad. Más allá del concepto tradicional de representación que implica traer a la presencia del sujeto una realidad que existe previamente, el enunciado performativo frente a una situación que no existía con anterioridad al discurso. Es más nos plantea una realidad que esta creada a partir de la acción de la imagen o la palabra. El documental performativo no es más que un caso concreto de un enunciado ilocutivo del cual hablo Austin. Este tipo de documental no puede caracterizarse por la verdad o falsedad de sus argumentos sino por el éxito o fracaso de las acciones que produce através de las imágenes. Su dinámica no radica en la significación de sus argumentos sino en la fuerza de sus efectos que produce. Es un enunciado documental que más que significar pretende impactar, más que regoger informaciones del mundo histórico pretende intervenir sobre él y modificarlo materialmente a partir de la inmaterialidad de la imagen. De ahí que el documental en su modalidad performativa tenga que ver más con el poder que con la significación. Con justa razón, Judith Butler (2002) sostiene que “la performatividad es una esfera en la que el poder actúa como discurso”.
Frente a un filme como Tarnation nos sentimos estremecidos. No por la veracidad de la historia representada, sino porque hábilmente Caouette se pone en escena así mismo y nos invita a ingresar en sus percepciones y emociones a partir de la recreación de potentes evocaciones musicales y sensoriales. Con esta acción propone construye algo inédito que no existía en la realidad: el propio sujeto autorepresentando su drama como cineasta gay hijo de una madre esquizofrénica. Frente al filme uno tiene la sensación que es la misma película la que hace un sujeto viable al director. La filmación y montaje del filme permiten que el realizador se produzca a si mismo al poner sus traumas en imágenes. El filme produce performativamente un sujeto que no existía: el propio realizador.
El documental performativo plantea un desafío para la representación cinematográfica entendida esta como una reproducción derribada de una realidad originaria no producida. Al producir efectos de poder y nuevas realidades, este tipo de documental elimina la distancia entre la representación y lo representado, entre lo objetivo y lo subjetivo, entre fuerza y significación. Plantea que la propia representación fílmica está dotada de fuerza, mientras de la realidad objetiva es producción imaginaria y significante.
Conocimientos localizados
La modalidad performativa del documental articula una perspectiva de enunciación posicionada subjetivamente y construida socialmente. De ahí que se haya convertido en un mecanismo de expresión de las minorías políticas, culturales, raciales y sexuales. El documental performativo se corresponde con lo que Homi Bhabha (2002) llamó como la emergencia “otras historias y otras voces disonantes”. Al ponerse tras la cámara o en la pantalla, los sujetos silenciados y las historias silenciosas plantean profundos cuestionamientos epistemológicos y muestran los límites enunciativos del propio dispositivo cinematográfico. En los usos performativos de los grupos subalternos se verifica de una u otra manera la presencia de una perspectiva de enunciación localizada que resiste a la fuerza desterritorializadora del dispositivo cinematográfico. Se puede decir que el documental performativo logra realizar aquella máxima propuesta por Donna Haraway (1995) de construir conocimientos y representaciones desde un conocimiento localizado que genera epistemologías parciales y plurales. Al hacerlo, plantean un fuerte cuestionamiento a la práctica documental en su conjunto.
Veamos algunos ejemplos. Tongues Untied juegan con una doble estrategia de cuestionamiento del poder establecido. La película cuestiona posiciones racistas y homofóbicas poner en escena el universo subjetivo y poético de un hombre negro gay. Los Rubios realiza un ejercicio de contra-memoria que se opone a las historias oficiales producidas por la derecha y la izquierda alrededor de los desaparecidos en los procesos dictatoriales argentinos. Partiendo de la imposibilidad de testimoniar la muerte y desaparición de su padre, Carri construye un testimonio acerca de las posibilidades y limitaciones que tiene el cine para hablar de lo real. En el hoyo reconstruye con frescura y algarabía la vida de un conjunto obreros que se ganan la vida construyendo una gigantesca autopistas que atraviesa buena parte de la ciudad de México. Al margen de todo estereotipo, con un anclaje fuerte en lo local y con un relato bifurcado y delirante, Rulfo recrea las historias de vida de un conjunto de subalternos que al margen de las duras condiciones laborales están dispuestos a la algarabía y al goce.
Gracias al documental performativo se puso en evidencia que la tecnología cinematográfica y sus distintas modalidades de representación documental tienen una vinculación solidaria con el proyecto transcendental y universalista de la modernidad. Retomando las discusiones planteadas en los años setenta sobre el dispositivo cinematográfico y sus efectos ideológicos (Comolli, 1985; Baudry, 1974), y la crítica al poder patriarcal y eurocéntrico que inauguró el feminismo (Mulvey, 1988; De Laurentis, 1992) y el poscolonialismo (Shohat y Stam, 2002), el documental performativo logro plantear nuevos usos para la tecnología y la imagen. Sus estrategias fuero dos: por un lado busco desarticular la relación entre tecnología y dominación; por otro planteo una politización de la representación a partir del cuestionamiento de los imaginarios y estereotipos construidos desde posiciones hegemónicas.
Bibliografía
Austin, John, Cómo hacer cosas con palabras, Paidós, Barcelona, 1990.
Bhabha, Homi, El lugar de la cultura, Manantial, Buenos Aires, 2002.
Baudry, Jean-Louis, “Cine: los efectos ideológicos producidos por el aparato de base” en Revista Lenguajes, Ediciones Nueva Visión, Año 1, N 2, Buenos Aires, Diciembre 1974.
Butler, Judith, Cuerpos que importan, Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”, Paidós, Buenos Aires, Argentina, 2002.
Comolli, Jean Louis, “El anti-espectador, sobre cuatro filmes mutantes” en Yoel, Gerardo (comp.), Pensar el cine 2. Cuerpo(s), temporalidad y nuevas tecnologías, Manatial, Buenos Aires, 2004.
Comolli, Jean Louis, “Technique and Ideology: Camera, Perspective, Depth of The Field” en Nichols, Bill (Ed), Movies and methods: an anthology, University of California Press, California, 1985.
De Lauretis, Teresa, Alicia ya no. Feminismo, semiótica, cine, Cátedra; Madrid, 1992.
Derrida, Jacques, La reconstrucción en las fronteras de la filosofía, Paidós, Barcelona, 1996.
Haraway, Donna, Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza, Cátedra, Madrid, 1995.
Nichols, Bill, Introduction to documentary, Indiana University Press, 2001.
Nichols, Bill, La representación de la realidad. Cuestiones y conceptos sobre el documental, Barcelona, 1997.
Mulvey, Laura, “Placer visual y cine narrativo”, Crítica feminista, Centro de Semiótica y Teoría del Espectáculo, Valencia, 1988.
Shohat, Ella y Stam, Robert, Multiculturalismo, cine y medios de comunicación, Paidós, Barcelona, 2002.
|
0
comentarios
|
Vínculos a esta entrada
